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miércoles, 11 de marzo de 2009

NO SÉ SI AÚN ME RECUERDAS

Mónica estudiaba conmigo cuando recién entré a la Villa ya muchos años atrás. Teniendo solo quince años, todo el mundo me miraba raro y yo, creyendo que era lo máximo en Literatura [carrera que estudiaba] me di con la realidad que no era nada ni nadie en comparación con el resto de estudiantes. Y no habría nadie mejor que Mónica para ayudarme a darme cuenta de ello.

En el primer año todavía no me fijaba en ella ni siquiera como amiga. Andaba más ocupado tratando de adaptarme a la nueva vida de la universidad, al nuevo ambiente en el que me tenía que desenvolver [el Centro de Lima] y a sacarme de encima a un idiota que se la prendió conmigo [así es, en la universidad todavía me lorneaban, para que vean] El primer año no fue muy bueno.

Pero en el segundo algo cambió. Debió ser que me di nuevos ánimos o que ya había agarrado más cancha. También ayudó el que me sentara más cerca de ella y su grupo, por lo que así pude llegar a relacionarme con más gente. Cabe destacar que los salones eran inmensos y fácilmente podías no llegar a hablar con alguien en todo el año; y si era alguien como yo con mucha más razón.

Fue así que se produjo la primera oportunidad de trabajar juntos en un grupo cuyo curso no puedo recordar. Si bien éramos cuatro en ese grupo, junto con mi mejor amigo y su mejor amiga, casi todo el trabajo lo hacíamos Mónica y yo. Así fue como empezamos a pasar largas horas en la humilde biblioteca de la facultad, contándonos tonteras y poco a poco haciéndonos amigos.

Desde ahí usábamos algunas mañanas para pasear por el campus. Aunque solo contara con tres patios y una cafetería, era divertido darle vueltas enteras atravesando y deteniéndonos en cada uno de ellos. Cuando nos saltábamos las clases hacíamos lo mismo o, llegando al límite de la monsedad, jugábamos ajedrez en las mesas con tableros. Nos gustaba pasar el tiempo juntos.

Fue Mónica la que me inició en uno de mis grandes fanatismos. Una mañana de mayo, en la cual se tenía que realizar elecciones para elegir al consejo universitario o algo por el estilo, esperaba en las afueras de la universidad cerrada junto al resto de estudiantes. Mónica me encontró entre la multitud y mientras pasábamos el rato me prestó un Dominical de El Comercio para leer.

– ¿Has leído este libro Mónica? –pregunté.
– Claro, tengo los cuatro –me respondió.
– ¿Y qué tales son?
– Buenazos. Si quieres te los presto. Te van a gustar.

El lunes siguiente, después de pedírselos, mi mamá apareció con los dos primeros libros de Harry Potter, los cuales leí y releí en dos semanas, quedando fascinado con ese nuevo universo y compartiendo mi nuevo fanatismo con Mónica.

Semanas después, cierta mañana de julio, la acompañé a la bulliciosa cafetería de la universidad. Mientras Mónica pagaba en caja lo que fuera a comprar, me detuve detrás de ella mirando el canal musical que emitía el televisor colgado en la pared de atrás. En realidad, no podía escuchar la música y me concentraba por identificar al grupo que aparecía en el desconocido video.

– ¿Te gusta esa canción? –me preguntó sacándome de mi estado de concentración.
– No –fue mi respuesta inmediata.
– A mí sí –continuó ella– Es una canción hermosa ¿no te parece?
– La verdad nunca la había escuchado.
– Deberías. Sé que te va a gustar –me dijo risueñamente.

Ese julio recibí uno de los pocos regalos de cumpleaños que haya tenido. Un CD de La Oreja de Van Gogh con la canción 'La Playa' resaltada en la parte trasera. Lo recibí agradecido y emocionado a pesar de todavía no tener en casa una radio que toque CD’s.

Lamentablemente, antes de finalizar el año, ya estaba hecho que tenía que abandonar la Villa. Los problemas de la universidad, la falta de clases y profesores y el hecho que a mi papá no le gustara mi carrera, se juntaron para que empiece a faltar descaradamente, a veces hasta semanas enteras. Al cabo de un mes, desperté un día y dije que ya estaba de vacaciones. Aunque así no lo fuera.

No volví a ver a Mónica. En ese tiempo los celulares no pululaban tanto como ahora, los correos no se pedían como quien pide la hora y el messenger se desconocía como fórmulas de física cuántica. La última vez que la vi, curiosamente me pidió que la acompañara a tomar su carro a la salida, cosa que nunca hacíamos pues tomábamos rumbos distintos. Quizás ella ya se lo imaginaba. Así como todo lo que ya sabía que me gustaría.

lunes, 11 de agosto de 2008

OLVIDANDO EL TECHNO

Ayer, después de mi dosis de fútbol [sí, yo veo fútbol los fines de semana] mi domingo regresó a la habitual tranquilidad con que suelen pasar. Para variar un poco, decidí estrenar la radio de mi nuevo Sony Ericsson k550i [oh yeah! nü celu! deberías hacer lo mismo agnE!] Mientras programaba las nuevas radios en el teléfono, llegué a Okey donde tocaban lo peor que haya podido escuchar en mi vida: un techno.

Es verdad. Yo, Frankie, DETESTO EL TECHNO. Aunque creo que mas que detestarlo, es que NO LO SOPORTO. No puedo escucharlo. De verdad no puedo. Es algo que parece estar fuera de mi control. Si voy en una combi y tocan reggaetón, cumbia, huayno, Tongo, etc. no me importa, puedo soportarlo. Me digo: ‘ya pasará, es solo una canción’. Pero si es un techno, no. Nada que ver. Soy capaz de bajarme de la combi si es posible [no es joda, una vez lo hice y no me arrepiento]

¿Por qué no soporto el techno? No lo sé. Es algo que casi no puedo describir. Es una sensación de vacío, de incomodidad, de disgusto, de melancolía, de tristeza, cada vez que suena. Es algo que me pone mal de solo escucharlo. No sé si estará relacionado con algún trauma de mi niñez, que era el tiempo cuando esa música estaba de moda. No sé si no me abrazaron de chiquito cuando tocaban esa música. No lo sé. La cosa es que el techno me pone mal. Así de simple.

Recuerdo que cuando estudiaba en la Villarreal, tenía un grupo de amigos los cuales todos se enganchaban con ‘Recordando el Techno’ un programa que daban [no sé si seguirá dando] en Okey por las tardes [por cierto, ese era el mismo programa tocaban en la combi cuando me bajé] Incluso, una tarde, en casa de uno de ellos, mientras hacíamos un trabajo grupal, tuve que irme sin excusas, pues pusieron el programa a todo volumen y creí que moriría en ese momento.

También, en Saturday Night Live, había un sketch de Los Hermanos Roxbury [con Will Ferrel y Chris Kattan] los cuales iban a una discoteca a tratar de conquistar chicas y que era graciosísimo. Lástima que estaba ambientado en los principios de los 90’s y la música principal era el techno, por lo que tenía que hacer un gran esfuerzo y soportar la música de fondo. El sketch inspiró una película [Una noche en el Roxbury] que tampoco he podido ver completa debido a la presencia de mi música kriptonita.

Seguro en la blogósfera debe haber bloggers que les guste el techno y también, bloggers a los que no les guste. Si te gusta, bueno, bien por ti, qué se va a hacer, nadie es perfecto. Si no te gusta, hermano[a] de mi alma, bienvenido al club. A continuación unos cuatro videítos de techno. Y tienen que escucharlos, porque fue una tortura china buscarlos en Youtube sin saber cómo se llamaban, quiénes los cantaban y encima, tener que escucharlos [aunque sea el intro]




Haddaway - What is love?
No Mercy - Where do you go?
La Bouche - Be my lover
Culture Beat - Mr. Vain

viernes, 30 de mayo de 2008

COMBIS x 3

Ayer, después de leer blogs y de ver que todos están posteando sobre el transporte que usan, con recomendaciones incluidas, se me ocurrió postear también algo parecido. No voy a decir qué transporte uso porque son tres o cuatro líneas que tienen la misma ruta y además no son ómnibuses [Dios me libre] sino coasters. Pero sí voy a contarles sobre estas tres situaciones ‘curiosas’, que me pasaron por usar nuestras queridas combis.

El Incendio
Esto me pasó con unos amigos. Éramos cuatro patas que acabábamos de ver una película en Plaza San Miguel. A la hora de irnos, el ‘más bravo’ de los cuatro dijo: ‘vámonos en combi’ y los otros dos asintieron, menos yo que quería taxi. Cuando pensaba que nos subiríamos a una coaster, los tres se subieron al vuelo a una combi enana [esas con la puerta corrediza] No sé por qué, pero desde un principio me dio mala espina subirme. Para empezar la combi estaba casi vacía, el cobrador y chofer tenían una pinta de cualquier cosa menos de cobrador y chofer y la combi estaba por demás destartalada. Nos sentamos al fondo ocupando todo ese asiento y yo al lado de la ventana. Bueno, ventana es un decir, en realidad era una bolsa plástica.

A medio camino, cuando estaba en mis propios pensamientos mirando por la ‘ventana’, la combi se malogró y en un lugar no muy seguro que digamos. Mientras el cobrador trataba de arreglarla haciendo malabares debajo de un asiento -con la combi ahora llena- yo seguía en mi mundo. En eso toda la gente empezó a gritar: ‘cuidado! la puerta!’ Pensé que eran choros que nos caían encima. Miré hacia delante y vi más humo que discoteca. Mi pata –‘el bravo’- que estaba a mi lado, se paró y casi se tira por mi ventana de plástico. La puerta se abrió y toda la gente salió corriendo por el amago de incendio que el idiota del cobrador había provocado. Menos mal la combi arrancó de nuevo y pudimos irnos [pss.. ya había pagado mi pasaje pe’ compare’]

La Zapatilla
Estudiaba en la UIGV y en mis primeros días recién me acostumbraba a ir hasta San Isidro zona que antes –aunque no lo crean- no conocía. Así fue que un día llegué a subirme a una coaster que no acostumbraba tomar. Como vi que pasaba cerca de mi casa decidí hacer la prueba y embarcarme. Además, punto a su favor era que estaba vacía al momento de subirme por lo que pude sentarme en uno de los asientos del fondo. Grande fue mi terror cuando la combi empezó a llenarse de una manera dantesca con gente incluso colgada del estribo. Haciéndome ánimos, me decía que al llegar cerca a mi casa la combi se vaciaría. Pero nada, la combi seguía igual de llena hasta cuadras antes de bajarme.

Previendo la situación me paré y con mi mochila a la espalda [aún no sabía el truco de ponértela adelante] emprendí mi feroz salida. Levantando pie, agarrando pasamano, pidiendo permiso, punteando gente, jalando mochila [no, no es un paso de baile] Cuando llegué a la puerta, mi pie derecho se había quedado retrasado entre las piernas de la gente y al jalarlo sentí clarito como mi zapatilla se deslizaba por el talón y luego la planta del pie. Lo peor era que el carro estaba frenando y llevándome hacia delante con lo que mi zapatilla se despedía cada vez más de mí. Con un último esfuerzo logré sujetarla con la punta de los dedos y salvarla milagrosamente, al tiempo que el carro se detenía completamente y yo bajaba convertido en un cuasi ceniciento.

La Casaca
Esta es reciente. El año pasado, estudiando ya en el Insti, estaba en la coaster que siempre tomo. Después de unos veinte minutos de viajar parado pude sentarme en un asiento del fondo que se desocupó y, para no perder la costumbre, a mi lado se encontraba una agraciada señorita escuchando música y sosteniendo un libro. Cabe señalar que era pleno invierno y yo andaba con mi casaca de vestir que es una de mis favoritas. En ese entonces acostumbraba poner mi pasaje en el bolsillo interior izquierdo de mi casaca para tenerlo a la mano a la hora de bajarme y no pelearme con los bolsillos de mis jeans. Cuando estaba a medio camino decidí revisar mi bolsillo para ver si tenía las monedas allí, así que abrí mi casaca y me puse a buscar.

Pero no encontraba las monedas. Revisé mis jeans por si acaso me había olvidado de pasarlas pero nada, solo el sencillo sobrante. Volví a mi casaca de nuevo y metí la mano hasta el fondo. Busca. Busca. Aguanta. Que durito está por aquí. Durito. Durito. Pero. Mira. Ahora está blandito. Blandito. Blandito. Porqué está ahora blandito? Giré la cabeza a la izquierda para enterarme el por qué y me topé con una cara de extrañeza total. Mierda. Le estaba agarrando una teta a la chica de al lado [y lo durito eran sus costillas] Lo primero que se me vino a la mente fue decir: ‘perdón’. Saqué la mano al instante, miré al frente y no dije ni hice nada más en todo el trayecto. Al bajar, me di cuenta que las monedas se habían pasado al interior de mi casaca por un agujero.

¿se dieron cuenta que todo esto me pasó por sentarme en el asiento del fondo?
moraleja: no te sientes en el asiento del fondo [a menos que no puedas evitarlo]

jueves, 17 de abril de 2008

LOS GLOBOS DE CIELO

Cielo era una amiga que estudiaba conmigo en la Villa. En realidad, su verdadero nombre era Maricielo, pero ella prefería que la llamen por la forma corta [no sé por qué, ya verán después a que me refiero] Tan amiga mía no era, con las justas un hola y chau suficientes. Podría decir que era bonita. Sí, era linda. Sin embargo eso no era lo que más destacaba en ella. Diría que su atractivo principal, que llamaba la atención de todos, era su prominente.. su exuberante.. su desarrollada.. ustedes ya saben, no? Digamos, que cuando se bañaba no se mojaba los pies.

Decía que Cielo era bonita y atractiva, porque no pasaron ni dos meses y ya empezaba a salir con un pata del salón, aunque no por ello dejó de ser la amiga de todos [la amiga de todos de la buena manera, no de la mala, por si acaso] Claro, que eso no le permitió escaparse de las jodas de los chicos que a veces somos tan malos [pero las mujeres rajando son peores] Estoy seguro que eso de ‘Los globos de Cielo’ no fue algo ‘inventado’ por la clase; seguro se lo habrán dicho mucho antes. Es más, si sus padres hubieran sabido que su hijita querida se iba a desarrollar así, hubieran optado por ponerle otro nombre.

El caso era que yo no podía dejar de mirarlos. Aguanta! No, no era por una morbosidad de quedarme mirándolos y ver lo grandes que eran, sino que era algo que me llamaba la atención, era algo raro que tenía un no sé qué, algo así como el lunar de Número Tres que Austin Powers no podía dejar de ver en Goldmember. Sorry, a veces soy medio weirdo y me quedo mirando cosas que no debo. Obviamente, no los miraba en todo instante, quizás en algunos momentos raros o cuando hablaba con ella y tenía que hacer fuerza extrema para mantener la mirada sobre el cuello.

El problema con Cielo fue algo muy, pero muuuuuy rochoso. En un tiempo, se dio la fiebre entre los hombres de tumbarnos en el salón, en las escaleras, en los balcones, etc. Al decir tumbarnos me refiero a meternos cabe, a golpearnos las rodillas por detrás, a empujarnos por los hombros, etc. Sí ya sé, machos y huevones. Por mi condición de menor del grupo [siempre he sido de los menores en mis grupos] no le entraba tanto al juego, aunque de vez en cuando una empujada por allí, una caída por allá, no estaba de más. Todo con tal de entrar en la manada.

Pero [porque siempre hay un pero en estas historias] cierto día de invierno me encontraba conversando con Cielo en el balcón [conocen ustedes esas construcciones que son todas las universidades e institutos de todo el Perú, no? Edificios con salones de un lado y un largo balcón al frente] Su enamorado [del cual ya ni recuerdo el nombre] estaba a su lado apoyado en el balcón y yo frente a ella. Usualmente, casi no hablaba con ella, pero esta vez lo hacíamos porque.. porque.. bueno, tampoco recuerdo de qué estábamos hablando.

Mientras hablaba con ella me esforzaba por mantener el hilo de la conversación y a la vez poner toda mi voluntad en mantener la vista al frente y no seguir con la manía de ver lo que no debía. Habré estado en tal estado de concentración que no vi lo que se veía venir. Un par de desadaptados se aproximaba por detrás de mí, dispuestos a seguir haciendo de las suyas. Así fue como, mientras cada uno me sujetaba levemente de un hombro, golpeaban simultáneamente la parte trasera de mis rodillas con las suyas, para hacerme perder el equilibrio y caer arrodillado. Me agarraron tan frío que en efecto me caí con todo hacia delante.

Todo lo que viene a continuación habrá pasado en cinco segundos, aproximadamente. Mientras caía hacia delante veía que Cielo estaba más cerca. No, no caí sobre ella, no la tiré al suelo, no. Hubiese preferido mil veces eso, pero no. En lugar de eso o quizás para evitar eso, sentí una necesidad extrema de sujetarme de algo, cualquier cosa, para evitar la aparatosa caída. Mis manos se levantaron a la altura de mi cabeza, mis rodillas casi tocaban el suelo, me sentía Stallone en Cliffhanger y tenía que agarrarme de los últimos peñascos que quedaban en el acantilado. Pero en este caso, los peñascos resultaron ser más blanditos.

Juro que fue sin mala intención. Fue solo una serie de eventos desafortunados. Para evitar irme de cara contra ella, tuve que poner las manos hacia delante y ¿lamentablemente? se apoyaron a la altura equivocada. En pocas palabras, caí de rodillas cogiendo los globos de Cielo. Muchas cosas pasaron al instante. Primero, Cielo gritó anonada mi nombre mientras ella también levantaba las manos; después, al tiempo que me decía ‘Qué te pasa huevón!’ su enamorado me empujaba y me tiraba hacia a un lado para que la soltara. Atrás, los dos desgraciados que me habían hecho caer, literalmente se cagaban de risa; y yo en el suelo pataleaba como tortuga puesta de espaldas tratando de levantarme deshaciéndome en disculpas.

Cuando logré levantarme lo único que dije fue: ‘Disculpa, me empujaron, espera voy por ellos..’ y no volví más. Me metí al salón a buscar a los que seguían riéndose contando la gracia para quienes no la habían visto. Afortunadamente, la llegada del profesor de turno terminó con la chacota general y todo volvió a su relativo orden. Pero no para mí. Durante toda la clase estuve pensando en lo que Cielo y su enamorado me harían por tal profanación. Sin embargo, no pasó nada. Creo que Cielo se dio cuenta de las fatales circunstancias en que todo ocurrió y su enamorado lo tomó deportivamente -aunque sí se enojó un poco conmigo al principio.

Desde ese momento me curé en salud y no volví a ver a Cielo de la misma manera. Claro, resultaba difícil no verla, porque estaba en el mismo salón que yo, pero al menos hacía el intento. Nunca más volvimos hablar de eso en el salón, las tumbadas terminaron al poco tiempo cuando alguien casi se rompe la crisma en las escaleras, el enamorado de Cielo volvió a ser mi amigo como antes y no he vuelto a tener situaciones tan terribles como esa. Es por eso que ahora, después de años de sucedido, puedo decir:

¡PERO QUÉ BUENAS SE SENTÍAN!

martes, 30 de octubre de 2007

QUIÉN ES CUÁNDO


Acentuadamente
César Hildebrandt
Quién es cuándo por qué cómo te digo.
Cómo te digo qué lo que no siento ni para
cuántos días cuáles lunas.
En qué pensabas tú cuando pensabas y a qué
atmósfera te ibas cuánto tiempo.
Cuánto gastamos en quién sabe qué y cómo nos hicimos
mientras tanto.
Qué pena haber perdido el tren cómo silbaba y qué
lástima el cuándo no cumplido.
A qué estupor nos vamos poco a poco
de qué madera vamos siendo astilla
en qué cielo negado nos soñamos
cuánto hay de sombra en el espejo frío.
Quién dice que sabremos cuándo y cómo
quién puede estar seguro de qué modo habrá de terminar
su no sabemos.
Qué cantidad de siglos en montones
qué cúmulos de horror en cielo negro
qué guerras más idiotas y qué héroes
y qué poco al amor las pocas horas.
Somos qué cosa en qué borrasca y cómo
qué polvo decimal de estrella ciega.

Ayer, mirando cosas viejas, hallé un poema, pero no en una servilleta sino fotocopiado de un periódico y pegado en una hoja bond. Era de la época de mis clases en la Villarreal, específicamente, una tarea dejada por mi querido profesor Salas [se notó aquí el sarcasmo?] de la clase de Lengua Española.

Al profe Salas tengo que agradecerle mi trauma para presentarme frente a un público, al exponer un tema del que estaba completamente enterado pero que a él no le gustaba. También mis más conchudas y prolongadas tiradas de clase de toda mi vida estudiantil y finalmente, mi decepción por una carrera, la que creí iba a colmar mis expectativas y ser una de las mejores elecciones que había tomado, terminando por ser todo lo contrario.

Respecto al texto arriba transcrito, pertenece a César Hildebrandt y fue escrito en su columna Decires y publicado en el diario Liberación y repetido hasta el cansancio por Salas como ‘un ejercicio solemne de la lengua en su más pura visión lingüística y gramatical’ Para mí, es un juego de pronombres y adverbios bien logrado. El objetivo de la tarea era cambiar estos pronombres y adverbios que no cumplan una función de ilación y correlación del texto, por sustantivos, verbos, etc que mantengan el sentido.

Aunque tardíamente, aquí está mi versión de los hechos:

Quién es él por última vez te digo.
Cómo te digo yo lo que no siento ni para
negros días blancas lunas.
En qué pensabas tú cuando pensabas y a qué
atmósfera te ibas este tiempo.
Cuánto gastamos en quién sabe qué y cómo nos hicimos
mientras tanto.
Qué pena haber perdido el tren mientras silbaba y qué
lástima el viaje no cumplido.
A qué estupor nos vamos poco a poco
de qué madera vamos siendo astilla
en qué cielo negado nos soñamos
cuánto hay de sombra en el espejo frío.
Quién dice que sabremos cuándo y cómo
quién puede estar seguro de qué modo habrá de terminar
su no sabemos.
Qué cantidad de siglos en montones
qué cúmulos de horror en cielo negro
qué guerras más idiotas y sin héroes
y qué poco al amor las pocas horas.
Somos poca cosa en esta borrasca y totalmente
ennegrecido polvo decimal de estrella ciega.

Qué tal? Si bien no son tan grandes los cambios creo que ya no hay tanta confusión entre ‘cuándos’ y ‘cómos’ Si alguno de ustedes tiene una mejor versión, adelante cópienla y traten de variar palabras sin afectar la armonía del texto. Ah y por si les quedó la duda, obviamente nunca llegué a presentar este trabajo.

martes, 2 de octubre de 2007

EL CHE Y LOS ROLLING STONES

Ayer pasando la hora frente a la computadora, escuchaba La Ñ para desfogar el cantante frustrado que llevo adentro [para Planeta tengo que buscar la letra de algunas canciones y en ese momemnto leía blogs] cuando tocaron la canción de Los Rancheros 'El Che y los Rolling Stones'. Dese que la escuché vagamente por ahí en mi época escolar me pareció un super rock que me mataba por encontrar en mi walkman ladrillo de ese tiempo. Después, gracias a la internet, logré escucharla detenidamente y leer la letra al mismo tiempo cuantas veces quería.

Pero sin duda, la canción siempre la relaciono con mis épocas de estudiante de Literatura en la Villarreal. Y es que no sé por qué, pero para ser principios de este nuevo siglo, la escuchaba infinidad de veces en las radios de las combis que tomaba para ir y venir de la Villa. No hay manera en que no recuerde el gran patio de la sede central, la cafetería, el segundo patio donde me tiraba las clases, etc. cada vez que oigo la canción.

Sin embargo, la canción también tiene su lado siniestro. Más que siniestro diría vergonzoso.. al menos para mí. Fue en una ocasión en la que al llegar a la Villa la encontré más agitada que de costumbre. Y es que si bien a veces algún grupito de 'líderes' organizaban marchas o concentraciones dentro de la uni, pues de ahí no pasaba. Pero esta vez como que la cosa iba para más, por que al llegar, en la puerta, a parte de los clásicos dos 'marrones' de seguridad que habían, ahora hasta cuatro sujetos de terno les hacían compañía, y siempre revisando las mochilas de todos los que entraban [a veces solo revisaban a los que salían]

Aunque el transcurso de las primeras horas fue normal, en un break antes de la última clase pude ver desde el balcón fuera de mi salón que se había reunido un nutrido grupo de estudiantes con pancartas, haciendo bulla y todo eso. Un profe nos dijo que esa iba en serio.. que esta vez estaban decididos a tomar la Villa. Yo, en mis 15 añitos de total candidez [o candelejez] me aterrorizé al instante. 'A tomarla? Y ahora como hago para salir? Me dejarán salir? Y si se mechan? Si viene la policía? Si tiran bombas lacrimógenas? Y si me quedo aquí hasta sabe Dios cuándo?'

El siguiente profesor entró a hacer su clase y las bravatas afuera resultaban más atronadoras. Incluso empezaron a detonar cohetones o rata blancas que retumbaban en todo el patio. Y como caída del cielo, justo en ese momento, la canción salió de un parlante para toda la Villa: '..Junto a una leyenda que decía: escapemos de esta vida, viva el Che y los Rolling Stones..' Fue un instante de inspiración total. Supe que tenía que hacer algo. Supe que no podía quedarme allí sentado escuchando al idiota del profesor vendiéndme su libro sin hacer clase. Así que me paré, cogí mis cosas y me largué.

Sí, me fui. Me cagué de miedo en otras palabras. No lo pensé mucho. No me importó si alguien más del salón venía conmigo. Yo tenía que salvar mi vida. Huir de allí rápidamente, antes que la universidad se vuelva un centro penitenciario en pleno motín. Mientras bajaba las escaleras y la música de fondo acompañaba los gritos, cánticos, explosiones de la multitud, todos haciéndome eco en mi plan de fuga, notaba que los estudiantes seguían entrando y subiendo en dirección contraria. 'Pero qué? A donde van? No se dan cuenta de lo que va a pasar?' Eran mis pensamientos mientras veía a esas pobres mentes a punto de pasar varios días sin contacto con el mundo exterior.

Cuando llegué a la puerta me convencí con horror que estaba haciendo lo correcto. La mitad del portón, que siempre se mantenía abierto para que el gran flujo de estudiantes entrara y saliera con comodidad, ahora estaba completamente cerrado y la única salida era una pequeña puerta por la que alumnos chocaban entre ellos ante la estrechez de esta. Este es mi momento MacGyver me dije y empujando y escabulléndome entre la multitud, evitando 'marrones' imperturbables, enternados que revisaban mochilas, profesores que llegaban tarde y estudiantes con cara de 'conmigo no es', conseguí salir a la abierta calle que me recibía con su fría libertad.

Estando en casa lo primero que hice fue poner Canal N y buscar el estado de sitio en el que se encontraba la Villa por culpa de estos 'revolucionarios' que pensándolo bien, la verdad no sabía que era lo que reclamaban, ni por qué hacían tanta chilla. Las tanquetas de la policía, los gases lacrimógenos volando sobre La Colmena, los 'pinochitos' tumbándose las rejas principales, todo eso.. nunca llegué a ver. Pasé toda la noche saltando de canal en canal esperando al menos una mención de la nota pero nada. La mañana siguiente igual, sin recuento de daños, visitas a hospitales o familiares llorando. Nada de nada. Decidí ir al lugar de los hechos, a pesar que no lo tenía planeado, y cerciorarme yo mismo de la tragedia.

Al bajarme de la combi esperaba al menos que la Villa esté cerrada, pero la gente entraba y salia de ella como si nada hubiese ocurrido el día anterior. Entré yo también y ya no había nadie que te revisara la mochila, ni al salir ni al entrar. El patio estaba limpio y los alumnos se dirigían a sus clases en grupos junto a los profesroes. Subí al mío y le pregunté a la primera persona que vi afuera qué había pasado la tarde noche anterior.

'Ah pues siguieron gritando toda la tarde, hasta que se cansaron y de ahí se sentaron a conversar entre ellos y al final se quitaron, creo. Casi siempre hacen lo mimso, dicen que van a tomar la Villa y la gente se prepara, pero al final nada y todo pasa piola como siempre. Y tú por qué te quitaste ah?' Tratando de poner la cara menos idiota que podía solo atiné a decir: 'No.. tenía que salir.. a un sitio.. Y viste el partido de Alianza? Qué golazo de Palinha no?'