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viernes, 31 de octubre de 2008

SOLO VIENDO VENIR LA SOLEDAD




pd. he estado tan pero tan raro esta semana que no quería postear nada.

jueves, 26 de junio de 2008

STALKEANDO

Nanda entró al ciber riendo y saludando. La reconocí inmediatamente por su voz y por la risa que siempre llevaba con ella. El instinto me hizo agacharme y rogar que no llegue hasta el fondo donde yo me encontraba. Cuando reaccioné, varias preguntas cruzaron por mi cabeza en instantes de segundos. ‘¿Qué hace Nanda por acá? ¿Qué hace tan lejos de su casa y de donde estudia? ¿A quién saludó? ¿Siempre viene por aquí? ¿Dónde se va a sentar? ¿Cuánto se va a quedar?’ Todas estas preguntas se cortaron cuando sentí pasos aproximándose al final de la sala, hacia la cabina donde estaba.

‘Ya fui’ fue lo primero que pensé. Sentándome un poco mejor esperé a que se acerque para saludarla y explicarle que hacía yo allí en horario de clases. La verdad era que el laboratorio de cómputo estaba lleno y tenía que hacer un trabajo por lo que fui a un ciber cerca al Insti. Pero cerca para mí y no para ella, quien se suponía debería estar estudiando y no por esos lares en ese momento. En esas me encontraba cuando vi que alguien se acercó a la pared frente a mí a coger unos bancos de plástico. Y ahí fue cuando lo reconocí.

Hace unas semanas, alguien me mandó una solicitud para ser mi amigo en el hi5. No lo conocía, pero el nombre me dio curiosidad. Entré a ver su perfil y descubrí que era Jaime, el pata con quien salía Nanda. ‘¿Y cómo me manda este una solicitud a mí si ni siquiera lo conozco?’ Pensando incluso en una conspiración de Nanda con tal de seguir hinchándomelas, lo mandé a volar y no volvió a molestar. Ahora, lo veía en vivo y en directo, a Jaime, sacando un banco para llevarlo a su cabina donde seguro ya estaría Nanda sentada.

Ahora ya entendía un poco mejor y sacaba conjeturas que imaginaba y hacía pasar por ciertas. Seguro Jaime fue primero al ciber, pues creo que por allí trabaja, y después Nanda le dio el alcance. Por eso ella entró saludando y riendo y él se paró por un banco para sentarse. Debió ser así, no se me ocurre otra cosa. Pero si escucharla reír y bromear –y quién sabe qué más- con Jaime, a escasos cinco metros de donde yo estaba, fue peor que no verla desde hace tres meses, cuando me molesté con ella por cosas sin importancia, aún peor fue darme cuenta que cabía la posibilidad que por mala suerte llegara a toparme con ella.

Después de media hora en la que me olvidé por completo a lo que había ido y solo trataba de escuchar lo que ellos hacían, el dueño se acercó a la cabina y les dijo que ya habían terminado. Rogando dentro de mí para que no pidieran más, el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose me confirmó que ya se habían ido. Más aliviado, terminé mis quince minutos que me quedaban y me retiré yo también, pensando que ya todo había pasado. Pero no. Al salir y caminar bajo la garúa, pensando en lo que acababa de suceder, reconocí a una pareja a unos metros frente a mí. Eran ellos.

‘¿Pero que hacen por aquí todavía si hace rato que salieron del ciber?’ La respuesta me vino al instante al verlos apachurrarse mutuamente deteniendo su marcha. En esas estaba cuando Nanda volteó mirando hacia atrás por un claxon demasiado fuerte que sonó cerca de mí. Una tienda abierta salvó mi presencia de ella –al menos eso creo hasta este momento- apenas instantes antes que ella volteara. ‘¿Y ahora por dónde me voy si yo también me voy por el mismo sitio? ¿No me voy a quedar bajo la garúa toda la noche?’ pensé.

No me quedó otra que esperar que avanzaran un poco más y cruzar a la vereda de enfrente. Así estuve ‘siguiéndolos’ a media cuadra de distancia por todo el trayecto hasta el paradero, donde ocultándome entre árboles y casetas telefónicas esperé a que tomaran su carro para irse. Soportando sus detenciones para, supongo, jurarse amor eterno, limpiarse las gotas de la cabeza y abrazarse y darse calorcito entre ellos. Debo confesar que en ese momento, muriéndome de frío en esa esquina, me sentí solo.

Creo que no me dolió. O no me molestó. O no me interesó siquiera. Creo que más preocupado estaba con que me viera y pensara qué hacía más bien yo allí. Que pensara que era yo el que en realidad la estaba ‘siguiendo’ y deshacerme en explicaciones de cómo se dio todo ello si venía a pedírmelas. Siendo un espectador de casualidad de ese encuentro entre Nanda y Jaime, realmente me sentí como todo un stalker.

O quién sabe si ‘ese’ encuentro no fue tan casual que digamos. ¿Puede ser no, Nanda?

jueves, 13 de marzo de 2008

CARTA

Y qué difícil es
el hablarte de esto a ti
que de amor no te gusta hablar,
ni conmigo, ni sin mí.


Ayer te encontré de nuevo, Nanda. Ya empezaba a olvidarme de ti cuando te vi a lo lejos venir hacía mí. Claro, no venías hacia mí, sino que también salías de estudiar. Nos saludamos y no pude dejar de notar que seguías hermosa como siempre, y me odié por seguir pensando en ello. Mientras continuábamos con nuestra conversación superflua en la calle, no dejaba de notar que al parecer tienes el cabello más ondulado. No sé, las mujeres se hacen tantas cosas en el cabello ahora; aún así me encantas.

Dijiste que continuáramos el encuentro en otro lado, a celebrarlo, y fuimos a comer helado en un fast food. Como siempre, tú pediste, pues de esas cosas no conozco yo; y como siempre yo pagué, pues de esas cosas tampoco sabes tú. Mientras esperabas que te dieran los conos no podía dejar de mirarte. ¡Maldición! ¿Cómo haces para vestir tan fatalmente adorable? Toda ropa que vistieras siempre te quedaba bien, no importaba cual fuera. Era algo de lo que más me agradaba de ti.

Nos sentamos en una mesa vacía y disfrutabas tu helado. Yo seguía observándote. No habías cambiado nada, seguías igual; sólo por tu cabello. Nuestra conversación seguía con banalidades, estudios, familia, amigos. Hasta que empezamos a recordar los buenos momentos que habíamos pasado, las salidas, los cines, las comidas, las conversas. Reíamos con mis torpezas a la hora de pagar y tus elecciones fallidas. Con mis chistes mal hechos y tus murmuraciones inaudibles.

En eso disparaste. Que seguías saliendo con Jaime, que las cosas iban muy bien y acababan de cumplir un año. No sé por qué lo dijiste. Quizás era porque la conversación se iba tornando más personal, más profunda y querías cortarla en un instante. No supe qué decir, me agarraste frío, y creo que lo notaste. Pensé seguir con los recuerdos como si nada hubiera pasado pero me pareció fuera de lugar para ese momento. Un silencio incómodo se estableció ente nosotros.

Me pediste el celular y a cambio me diste el tuyo. Era la primera vez que lo veía pues era nuevo, y aunque siempre nos timbrábamos por las noches o nos mandábamos mensajitos zonzos, no encontré ningún rastro sobre mí en él. No era que lo esperara, pero al menos tenía la esperanza de que los guardaras así como yo con los tuyos. ‘Cuidado con los mensajes privados’ me dijiste, en clara intención de que los vea. Te seguí el juego y encontré varios de ellos en tu buzón.

‘Es obvio’ pensé. Mientras, tú jugabas con el mío escuchando los tonos y viendo los videos. Yo solo miraba los mensajes que intercambiabas con tu enamorado. Al rato pude notar que estabas mirando los tres videos que tenia de ti. Dos de ellos jugando en una computadora y el otro en el cine. En ellos reías y posabas para mi lente inexperto. Mientras los mirabas también reías al ver lo que hacías. Me preguntaste que por qué aún los tenía allí, y te dije que era un recuerdo que no quería borrar. Manipulaste un poco más el teléfono y me lo devolviste.

‘A ver si notas si falta algo’ me dijiste y lo primero que revisé fueron los videos.. que ya no estaban. Me enojé. Me enojé demasiado. No lo podía creer, no lo podía soportar. Tampoco, me pude controlar. ‘¿Qué has hecho? ¿Dónde están mis videos? ¿Por qué los borraste?’ Tú seguías riendo y me decías que lo borraste porque no te gustaba como salías en ellos. ‘¿Estás loca, no?’ te dije, pero seguías riendo. Me daba más cólera aún que no entendieras porqué estaba molesto.

Te devolví tu teléfono. Te dije que me iba y empecé a recoger mis cosas. Me contestaste que no me ponga así, que era un simple video y que no sabías que significaba tanto para mí. ‘Además ya fue ¿no? Ya no se puede recuperar. Noté el claro doble sentido con que dijiste la última parte y me sentí herido en mi orgullo propio. ‘Tú ya no eres quién para meterte en mis cosas. Me arrepiento de haberme encontrado contigo’ le dije jodidísimo.

Te sorprendiste pero te recuperaste al instante ‘¿Sabes qué? Yo también me arrepiento de todo. Y no te muevas, que creo que mejor me voy yo’ anunciaste dramáticamente mientras ponías cara de resentida y cogías tus libros. Para ese instante, ya no me importaba. ‘¡Vete entonces! ¡Eso es lo mejor que sabes hacer!’ fue mi respuesta. Me miraste, te paraste, y te fuiste. Cinco minutos después, me di cuenta que la cagué.

No sé si me comporté como un niño. Creo que sí. Creo que fue una sobre reacción, que me enojé demasiado por algo que como tú dijiste ‘ya no se podía recuperar’. Pero me dolió. No solo por el hecho de haberte metido con cosas que no son tuyas [‘qué confianzas son ésas’ habría dicho tu mamá] sino porque borraste un grato recuerdo que guardaba de ti. Pero por ahora no quiero seguir con esto. No quiero repensarlo. Tampoco regreso tus timbradas. No contesto tus mensajes. Sigo empinchado con todo. Lo siento. Ya pasará. Apago el celular.

martes, 9 de octubre de 2007

TRAVESURAS DE LA NANDA MALA

Ayer aprovechando el feriado me fui al cine con la persona con quien no debía ir. Y no por que no me gustase su compañía, al contrario me encantó. La cosa es que no salió como yo lo había esperado. Esta chica [por que es mujer por si acaso] es Nanda, mi amiga, y si bien hubo hace unos meses un agarre, un choque y fuga, un dame-que-te-doy-que-te-sigo-dando, ahora ya hemos quedado como 'amigos cariñosos' podría decirse. Eso sí, Nanda ahora tiene enamorado; yo no, ni enamorada tampoco.


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Una de nuestras salidas características con Nanda en esos meses maravillosos, aparte de pasear e ir al cine, era ir a un ciber; y es que a pesar que yo era el único de los dos que tenía Internet en casa, a ella nunca le gustó pasarla en mi casa pues decía que había mucha gente y prefería la privacidad de una cabina [¿?] Para concederle el capricho siempre íbamos a su cabina preferida en la que nos quedábamos como tres horas haciendo siempre webin [no me puedo quejar, la pasábamos bien.. en todos los sentidos]

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Fuimos a ver 'Ellos', buena película que me dio un poquito de miedito. Ella si estaba como loca y me hizo recordar las antiguas visitas en las que íbamos al cine cada finde a ver películas de terror que a ella le encantan [a mí nunca me gustaron las películas de terror en el cine, es más, con ella fue la primera vez que vi una] Y Nanda estaba super cariñosa conmigo, como nunanca antes en las últimas semanas. Pensé que esta vez la podía hacer de nuevo, que un 'remember' estaba perfecto para la ocasión. Que se vaya al diablo su enamorado, estaba dispuesto a recuperarla de nuevo.

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Después de aproximadamente 3 meses de salir casi como 'aminovios', una tarde mientras mirábamos su msn, Nanda se puso a conversar, no conversar no, eso es poco, se puso a planear una salida con un tal Jaime, ahí conmigo a su lado. No lo podía creer. Qué no hay respeto? Hey! Estoy aquí a tu lado! Soy el que te abraza! Herido en mi orgullo de hombre, me hice el ofendido y no le dirigí la palabra hasta que termine el tiempo [y su conversación también] Al salir me preguntó si estaba enojado y le dije que sí, que mucho y me fui con mi honor mancillado.

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Al terminar la película me preparaba par invitarle algo de comer y seguir pasando el rato urdiendo mi plan sobre la marcha, pero ella al instante me preguntó la hora. 'Casi son las ocho' le respondí. 'Una cabina, al toque, vamos a una cabina' Al principio no entendía por que tanta urgencia. Un trabajo? Una tarea? Hasta que mi mente voló y nos imaginé de nuevo abrazados cariñosamente mientras leíamos blogs y hablamos de cualquier cosa. Llevándome de la mano a rastras me condujo a un ciber cercano y emocionado me acomodé a su lado esperando el ritual de siempre.

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La semana siguiente, en una conversación por msn le reproché su actitud de hacerme el ridículo de soportar su conversación en la que prácticamente se le mandaba al tal Jaime. 'Pensé que lo nuestro ya estaba en serio' le dije. 'Qué?' me contestó. 'Pues que el besarnos, salir y todo lo demás, ya no es una demostración que quiero estar contigo?' Y la última respuesta que me dijo tiró por la borda todo lo que alguna vez pude haber soñado. 'Disculpa, no sabía que creías eso. La verdad, yo pensaba que ESTABAS jugando. Cuando me besabas, no SENTÍA nada, no PENSABA nada. Disculpa por hacerte creer que estábamos en serio, yo pensaba que sólo JUGABAS'

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No lo soporté, me desconecté por dos semanas y me hice la promesa de no invitarla a salir, no de nuevo.. me había traicionado.

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Hizo lo de siempre, abrir primero su msn y revisar su correo a la vez. En eso se abre la ventana que mejor debió quedarse cerrada. 'Hola amorcito. Por qué tan tarde?' 'Dime, rápido, qué le digo' 'Oe queeeé??' 'Qué le digo, si no se da cuenta. Ya sé: Sorry, es que recién me dejaron salir de casa' Y se puso a conversar con Jaime [sí, Jaime, el mismo pirañón maldito ese] Ese era su apuro, tenía que prácticamente 'marcar tarjeta' con el broder. Si bien al principio lo tomé deportivamente, el ver como se escribían como habían estado sus días, mostrarle por webcam la tarjetita de cartulina que él le había mandado a ella [mientras yo hacía acrobacias dentro de la cabina para no aparecer en la toma] leer la dichosa tarjetita y encontrar versos primariosos sacados de Internet, y decirse cuánto se extrañaban junto con su respectivo 'te amo, amorcito', me hizo dar cuenta de que no debí haber salido de nuevo con ella y menos con la intención que que se me ocurrió después.

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Con el corazón roto me pregunté que por qué son así las mujeres? Por qué siempre prefieren al patán del grupo, al que las hace sufrir. Quizás lo vean como un reto, como algo, una aventura, un fin al cual quieren llegar, el cual quieren conseguir. E igual para los hombres, nos resulta más atractivo buscar a la chica que no nos hace caso, que nos maletea, que nos hace sufrir también. Es algo que ya viene por naturaleza en el ser humano supongo. Sufrir para amar o amar para sufrir, como quieran verlo o el orden en que llegue.

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Mientras veníamos en el taxi y la dejaba en su casa, me hice la promesa de no invitarla a salir, no de nuevo.. me había traicionado.. otra vez.