martes 3 de noviembre de 2009
miércoles 28 de octubre de 2009
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Frankie
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miércoles 21 de octubre de 2009
A LA POSTA NO VOY MÁS

Ayer se cumplió aproximadamente un año que no piso un hospital, clínica, posta, centro de salud, consultorio bamba, etc. es decir cualquier lugar donde se diga que practican la medicina. Y es que uno de mis tantos traumas es que no me gusta ir a hospitales. Por ello trato en lo posible de no enfermarme y las pocas veces que me pongo mal, en casos extremos… bueno pues, gracias por existir, automedicación.
Fue hace un año que una tarde estando listo para irme a estudiar me levanté de mi cama y sentí un terrible mareo, náuseas, adormecimiento de extremidades, dificultad para respirar, visión borrosa, pérdida de la audición, en pocas palabras estuve a nada de desmayarme. Si no lo hice fue porque mantuve la calma para no alterar a mi hermano que ya estaba a punto de agarrarme a cachetadas.
Después de recostarme nuevamente en mi cama e inhalar alcohol por un rato, llegó mi mamá y por más que le decía que ya me sentía mejor y que ya se me había pasado, insistió en llevarme a la posta de salud más cercana. Fue así como se rompió mi anterior récord que ya iba por más de un año según mis cálculos. El diagnóstico: un simple vahído por levantarme muy rápido según el doctor-estudiante-practicante.
De niño no era tanto el trauma con los hospitales. Al contrario me gustaba que sean tan amplios y tan fáciles de pasear. Aún recuerdo como me paseaba de lado a lado en el Policlínico Pizarro cuando me llevaban a Pediatría con sus dibujos de Disney pintados en la pared. O caminar y caminar sin ser detenido por nadie en el Hospital Almenara en una de las tantas compañías a las citas de mi hermano.
Lo que me empezó a traumar es la cantidad de gente, enfermos, microbios, gérmenes, bacterias, virus y enfermedades que están pululando por esos ambientes. Solo Dios sabe quién se habrá sentado en esa silla o apoyado en esa pared antes que tú en la sala de espera; o qué habrá sido tosido, estornudado, vomitado, salpicado, derramado o dilatado en uno de los tantos consultorios sin ventilación.
Lo peor de todo fue arañarme una vez en la baranda de una escalera. Al ver ese trozo de fierro oxidado y la pequeña punta que sobresalía de él y que había rasguñado mi mano me entró un pánico de no ser el primero en haber sufrido el mismo accidente. ¿Qué peste estaría ahora en mi torrente sanguíneo listo para empezar a hacerme mierda? Creo que esa fue la última visita al Almenara que recuerde.
No creo ser hipocondriaco. Al contrario, detesto todo lo que tenga que ver con enfermedades y esas cosas. Odio cuando empieza el tema tan recurrente en casa entre mis padres y mi hermano de quién está enfermo, de qué y qué pastillas son mejores para ello. No busco enfermedades en Internet ni veo Discovery Health. Me basta con ser fan de ER y lo que veía en Dr. House -hasta que se puso aburrido.
Y lo que es más importante. Si alguien tiene una enfermedad grave o terminal ¡por favor no me lo digan! Menos si el enfermo soy yo. Y es que tengo la creencia de que cuando uno se entera de qué está enfermo se muere más rápido. Sí, ya sé. Creepy.
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miércoles 7 de octubre de 2009
EL ATAQUE DE LOS BOTS

Ayer me instalé cómodamente en la silla frente a mi computadora [en realidad no cómodamente pues a esta silla ya se le desapareció la esponja de lo vieja que está] para mi dosis diaria de internet. Eran aproximadamente las 5 de la tarde y al iniciar el Messenger apareció un mensaje que indicaba 17 nuevos correos en mi bandeja. Había empezado el ataque de los bots.
La primera señal de alerta empezó hace algunas semanas. Había días en los que aparecían en mi bandeja entre cinco y siete spam bots como ‘comentarios’ en este blog. Quizás los hayan visto o recibido, pero eran un texto en chino todo linkeando a sabe Dios dónde, pues nunca me atreví a darle click ni siquiera estando en una cabina. Ante esos casos, solo me quedaba borrarlos uno por uno.
Pero la cosa empezó a ser cada vez más seguida. En los últimos tres posts empecé a recibir ‘comentarios’ de estos spam bots no solo en esas entradas sino en las anteriores también. En el penúltimo post, por ejemplo, el bot llegó a spamear incluso entradas de principio de año. Confiando en que esto solo era algo temporal, seguía borrándolos hasta el día de ayer, que se desató el ataque masivo.
Después de sorprenderme de tener tantos mensajes sin estar siguiendo una cadena de conversación, fotos o comentarios por correo y sin tener post nuevo para ser comentado, me encontré en la bandeja de entrada con el bot llenándomela de ‘comentarios’. Candelejonamente supuse que el ataque había terminado pero al ver la data comprendí que este recién empezaba.
La hora y fecha eran actuales. El ataque se estaba cometiendo en ese instante y por casualidad o destino, estaba siendo testigo de él. Fue así que los avisos del Messenger empezaron a aparecer indiscriminadamente en la parte inferior derecha de mi escritorio indicándome nuevos mensajes del bot. No sabía qué hacer en ese instante. ¿Cerrar el blog? ¿Apagar la compu? ¿Llamar a la policía?
Fue en un momento de lucidez que me acordé de un antiguo enemigo. Uno por el que había declarado animadversión pública y le había declarado la guerra. Estando ante una situación tan crítica era tiempo de tomar medidas drásticas. Tuve que recurrir a los captchas. Aún dudando si era lo correcto hacer este pacto con el Diablo, busqué en Blogger como activar esta opción en los comentarios.
Para cuando por fin pude localizar y activar los captchas, el ataque ya había terminado. Actualizando mi bandeja descubrí la magnitud de este. 27 comentarios spam bot habían inundado el blog en 27 post distintos, incluidos algunos del año pasado [!] Mientras los borraba esperaba que sea la última vez que lo hiciera y que ojalá haya tomado la decisión correcta al aliarme con mi enemigo.
Es por esta razón que lamento anunciar que a partir de hoy los comentarios tendrán que responder un captcha para ser enviados. Es una medida molesta pero necesaria para no perjudicar el orden del blog. Espero que sea solo temporal. ¿Cuál es la única buena noticia de todo esto? Que a mí no me salen captchas cuando tengo que responder comentarios. No me odien por favor.
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martes 29 de septiembre de 2009
EL DESTETE 2

Ayer tuve una regresión. Bueno, siempre la tengo cada vez que me preparo leche en el desayuno. Este pensamiento me viene persiguiendo por varios años y estoy seguro que lo seguirá haciendo por muchos más hasta que no lo resuelva. Es uno de mis recuerdos de infancia que todavía no se quiere ir y que tampoco quiero que se vaya. Quiero sacarme de la duda antes de.
Cuando era niño era un enfermito del biberón. Sí, lo confieso. Cual niño con su juguete más querido o con su mejor acompañante en largos momentos en que era dejado solo en casa, así no dejaba para nada mi envase plástico con chupón amarillo encima. Para mí no había mejor placer infantil que tomar mi leche todos los días a escondidas del mundo solos mi biberón y yo.
Pero cierto día, porque siempre llega un día en que parte de tu vida se va al carajo, o mejor dicho cierta mañana, no sé siquiera porque estaría despierto tan temprano en casa, le pedí a mi mamá que me prepara el biberón antes que se vaya a trabajar. Es cierto, con casi dos años ya era una vergüenza que todavía siga tomando biberón y lo mismo debió pensar mi papá que también ahí estaba.
Fue en ese instante que el señor de la casa, cuya voz alzada hasta ahora me hace cagarme de miedo, reclamó que no era posible que siga tomando leche así, que ya era hora de usar una taza como el común de los mortales y que el biberón debía desaparecer. Y ¡cataplum! Esa mañana la leche fue en taza y en la tarde también y al día siguiente también y así y así hasta el día de hoy.
No volví a ver m biberón nunca más. Seguro habrá terminado en el tacho de basura junto con mi infancia, pero aún así me hubiera gustado poder despedirme de él; y de mi infancia también. No fue hasta más grande que pude recordar la relación que tenía con mi biberón de niño. Y al mismo tiempo fue que apareció la obsesión por recuperar ese resplandor de infancia de vuelta.
He tenido locas e impulsivas ideas de arrebatarle el biberón a un niño y volver a mi chiquititud en un sorbo, pero la vergüenza y la cantidad de gérmenes que deben de estar depositados en esos chupones me han impedido hacerlo. La misma idea de gastar 15 soles en una farmacia y comprar uno y recordar o curar el trauma que adquirí siendo aún un infante lácteo, aún es opción.
He tratado al menos de lograr preparar la misma combinación de leche que tomaba en ese entonces pero todos mis esfuerzos han sido en vano. Como si mis papilas gustativas hubieran cambiado al mismo tiempo que mi cuerpo, no logro encontrar el mismo sabor de ese entonces, que quizás no fuera sino parte del plástico, del chupón o de la idea que tengo en la cabeza de ellos.
Empezando a probar con leche pura, con bastante agua, con azúcar, sin azúcar, con café, con té, con chocolate, con cocoa, con Milo, con Nesquik, con Kiwigen, en tarro, en bolsa, en caja, hecha en casa, de vaso de leche, hecha en restaurante, caliente, fría. Cientos de preparaciones en mi taza día tras día y hasta ahora nunca encontrar la receta perfecta frustrando aún más mi búsqueda.
¿Saben? Ahora que lo escribo, creo que nunca encontraré esa leche. En ese tiempo la Enci era la reina y señora de la lechería popular. Leche en polvo. Anchor será mi próxima elección. Si ni aún así lo logro, todavía me queda comprarme un nuevo biberón.
pd. se preguntarán cuándo fue el destete 1. cuando dejé de lactar. y de eso no me quiero acordar.
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Frankie
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13:00:00
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jueves 24 de septiembre de 2009
CUESTIÓN DE AGARRE

No sé ustedes, pero yo prefiero usar el papel higiénico del lado gofrado.
Como que encuentro más grip de ese lado.
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Frankie
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12:00:00
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