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domingo, 12 de abril de 2009

¿LUNES DE QUÉ?


Jueves Santo.

Viernes Santo.

Sábado de Gloria.

Domingo de Resurrección.


¿Lunes de qué?

De pereza. Seguro de pereza.




gracias a stripgenerator



jueves, 11 de diciembre de 2008

CATÓLICO APOSTÓLICO FANÁTICO

Ayer me llamó una tía por teléfono [cosa que no me gusta mucho] [me refiero a hablar por teléfono] y mientras nos poníamos al día de cómo iban nuestras vidas [mejor dicho la de ella, porque la mía no tomó más de cinco minutos] me contaba que acababa de ir a un retiro católico por el fin de semana. Déjenme ponerlos en contexto para el resto de la historia.

La familia de mi papá, y un poco la de mi mamá, son católicos. Un católico tirando casi para fanático. Por ejemplo, no hay lugar de sus casas donde no esté presente una imagen de la Virgen o Jesús. Con decirles que cuando era niño, por un tiempo pensé que una de mis tías era monjita porque siempre la veía rodeada de ellas [en realidad trabajaba para una Orden de monjitas]

Ahora, retomando el relato de la conversación telefónica, mi tía me hizo la pregunta de rigor sobre como iba yo con mi religión. Recuerdo que cuando fui acólito en la secundaria y me salí, medio que decepcioné a la mayoría de mis tías. Si bien no creo que ninguna haya esperado que siga una carrera religiosa [hell, no! estoy seguro que mi mamá quiere nietos] sí querían que siga apegado a mi parroquia.

Después de confesarle que no iba a la iglesia hacía un tiempo, que evitaba encontrarme con el Padre en el barrio, que me conoce desde cuando era acólito, que lo hacía para que no me pregunte por qué ya no voy a la parroquia y que ya tenía mi coartada preparada por si me encontraba con él, me preguntó si no hacían actividades para jóvenes en la parroquia en las que yo pueda participar.

Acá viene lo bueno. Le respondí que suponía que sí existían, total en todas las iglesias hacen cosas parecidas para ‘aumentar la clientela’ por así decirlo. Y le dije que por ejemplo, tenía un amigo que hacía actividades en su iglesia que no era católica sino cristiana [creo que es cristiana, sorry no le pregunté bien] Y empecé a contarle las actividades que él hacía en su iglesia.

Antes que termine me paró en una y me dijo que eso no era para mí pues yo era católico y debía participar en las actividades de mi iglesia y yara yara yara. Me hizo recordar la vez que de niño le pregunté a mi mamá si nosotros éramos católicos y ella, dejando de hacer lo que estaba haciendo, se volteó a mirarme y me dijo ‘¡Claaaaro!’ Como aquella vez, solo atiné a sonreír para mí.

Yo no tengo nada contra gente de otra religión, cada uno es libre de escoger lo que mejor le parezca. Recuerdo que en primaria un profesor católico nos contaba que él sentía una gran admiración por los llamados ‘evangelistas’ que van de puerta en puerta entregando sus libritos de ‘La Atalaya’ y hablando sobre su religión, porque en realidad ningún católico hace lo mismo o algo parecido.

Y es verdad. Parece que nosotros los católicos, dejamos que todo el marketing lo haga el Papa o Cipriani o el párroco del barrio. A pesar de todo, soy feliz siendo Católico Apostólico Romano. Y si en algún momento se me antoja cambiarme de religión, creo que elegiría ser judío [aunque extrañaría el adobo y los chicharrones] De todas formas, prometo ir a misa más seguido y preparar mi coartada para el Padre José.

viernes, 14 de noviembre de 2008

DESPEDIDA ESPIRITUAL

Carmen me esperaba a la vuelta del pabellón. Allí estaba con su sonrisa perfecta. Esas sonrisas en las que no necesitas mostrar los dientes para saber que estás sonriendo. Para reconfortar a cualquiera. Incluso alguien que sabe que está haciendo algo que no debe. Después de reírnos [o reírse] por la forma en que nos encontramos [o me encontró] me dijo para salir a caminar.

Fuimos hasta la playa [el albergue infantil quedaba al lado del mar] y aún quedaban los restos de la reunión con fogata que habíamos hecho todos unas horas antes. Nos sentamos en dos bancas paralelas a mirar lo poco que se veía de playa y mar apenas iluminados por la luz del albergue. Todo ya empezaba a parecerme bien sui generis, cuando ella empezó a hablarme como si nada.

El tema principal siempre era el de su madre. Cuando Carmen perdió a su padre, la relación entre ella y su mamá empeoró hasta tal punto que casi no se hablaban o no se veían y casi no se preocupaba la una por la otra. Ante tales problemas no sabía qué consejo darle o qué responderle. En realidad, creo que lo único que necesitaba era ser escuchada por alguien… por un amigo.

Después de una casi una hora de hablar, Carmen se acercó, me besó y se quedó recostada sobre mi hombro. Por supuesto que yo no supe qué rayos hacer después de eso, así que no hice nada. Creo que ese fue el momento digamos, más romántico que alguna vez haya pasado. Claro, que esa era mi impresión. Para ella seguro era otra cosa. Pero no importaba. Yo la estaba pasando bien.

Esa tarde ya nos íbamos. Todos andaban contentos y de buen semblante pues ya querían regresar a sus casas. Fue en ese momento que el encargado general dijo que tenía una sorpresa para cada uno de nosotros. Unas cartas fueron llegando a cada grupo y cada una de ellas dirigida a cada uno de nosotros. Eran de nuestros familiares que no escribían para saber cómo la estábamos pasando

Y aquí fue que todo el mundo empezó a llorar. Todos sin excepción. Hasta yo. Y lo peor es que no sabía por qué, pues en unas horas me encontraría con ellos así que no era porque los extrañase. Tan concentrado en ello andaba que no me di cuenta que alguien no había recibido su carta. Carmen miraba entre aburrida y triste el suelo sin carta en la mano y sin lágrimas en los ojos.

Cuando me disponía a preguntarle que qué le pasaba, uno de los encargados se le acercó y no muy delicadamente [es decir, casi se lo dice a todo el grupo] le dijo que no habían recibido ninguna carta de su mamá. ‘Ya me lo imaginaba’ le respondió ella y le pidió si podía salir y esperar afuera mientras el resto seguía en lo suyo. Después de pensarla un rato, decidí ir a ver como estaba.

Salí con la excusa de ir al baño a pesar que no estaba permitido. Evité a un par de encargados que se reían como idiotas entre ellos [no sé por qué pero nunca me cayeron bien esos tipos] Encontré a Carmen de pie en la playa mirando el mar de nuevo. Al principio pensé que no pudo haberle afectado tanto lo de la carta, pero creo que eso fue llegar al límite de todo lo que le pasaba.

- Sabes, ya no podemos seguir siendo amigos.
- ¿Por qué no?
- No sé. Ya nos vamos a ir y sería inútil continuar.
- Pues podemos seguir viéndonos.
- Sorry. Cuando regresemos no va a ser igual que aquí.
- Pero…
- No. Además, ni siquiera te conozco. Eres solo un niño.
- …
- Vamos. Tenemos que regresar.

Creo que me rompió el corazón. Un poquito al menos. Si bien solo la quería como amiga o como platónico embobado, igual me dolió que todo termine así. En el bus de vuelta no hablé con ella. En la Iglesia no la vi. Al final de la misa tampoco. Creo que ni siquiera se quedó para la despedida. Así como la había encontrado, así también se fue. No la volví a ver más.

martes, 11 de noviembre de 2008

RETIRO ESPIRITUAL

Carmen fue la primera chica rubia que conocí [y eso que ya tenía 15 años] Sus rulos siempre caían sobre sus hombros, aunque a veces se juntaban en una sola cola sobre su espalda. El que se me acercara en un retiro antes de mi confirmación, teniendo ocho años más que yo, fue un de esas experiencias para no olvidar. Era el primer retiro al que iba en mi vida. Y creo que tan malo no fue.

Todo empezó en la Iglesia donde nos juntaron en grupos de ocho. Para mi suerte en ese grupo habían varios compañeros de salón y mi mejor amigo [casi toda mi promo hacía su confirmación] Pero también estaba gente que no conocía como Carmen. Después de organizar los grupos, todos subimos a los ómnibus que nos llevarían al lugar donde nos concentraríamos hasta el domingo.

Recién el sábado empezaron las actividades en serio. Casi siempre eran los organizadores, que tenían a cargo cada grupo, los que salían al frente y contaban sus experiencias de toda índole. Era impresionante ver como lloraba la gente cuando les tocaba compartir experiencias parecidas en sus respectivos grupos. Nunca había visto llorar tanta gente en un mismo lugar. Yo no lloré.

Cuando le tocó el turno a Carmen tampoco lloró. Sus problemas eran mayores que el resto, pero parecía que a ella no le importaran. El que haya perdido a su padre, que se peleara con su madre todos los días, que no la soportara, que quisiera irse de su casa, que tuviera malas juntas, que en la universidad no le fuera bien, etc. la hacía la chica más complicada que haya conocido hasta ahora.

En el primer receso que tuvimos para salir al extenso patio, Carmen se me acercó y me preguntó por qué no había llorado. A la impresión que primero se me acercara una chica a hablarme le siguió el que me preguntara algo como eso. ‘No tenía ganas’ fue la respuesta idiota que le dije. Sorpresivamente Carmen sonrió y rió suavemente para después decirme que la acompañe a caminar.

Conversamos toda la tarde. En realidad ella era la que hablaba ya que su vida era más interesante que la mía. Me dijo que la obligaron a ir pues ella hubiese preferido quedarse el fin de semana con sus amigas; pero que al menos le había servido pues hacía tiempo no hablaba así con nadie. Después de seguir juntos hasta la cena, nos despedimos cada uno por su lado hasta el día siguiente.

Muy a mi pesar, esa noche tuve que levantarme para ir al baño. No es por nada, pero ese lugar tan grande y con tantos camarotes alineados uno con otro me daba una impresión de un reclusorio, de una barraca. La entrada al baño estaba en medio del pabellón y mi cama era la más cercana a la puerta. Sin poder aguantar más, caminé en la oscuridad hasta el baño pensando en cosas alegres.

Después de buscar las luces y cuidarme las espaldas [uno nunca sabe los gustos de los otros] me coloqué en uno de la larga fila de urinarios a hacer lo mío [entrar a un cubículo me daba miedo] Mientras miraba la ventana cubierta con una malla de alambre pensaba en lo alta que se encontraba. Fue cuando una sombra se alzó sobre ella haciéndome dar el respingo más grande de mi vida.

Los ojos de Carmen, acompañados de sus rulos, me miraban desde lo alto. La risa que los acompañó después me devolvieron el pudor y a la realidad.
- ¿¡Carmen!?
- Sorry. Escuché ruido. No sabía que este era el baño.
- Yo NO hago ruido en el baño. ¿Qué haces allí afuera?
- Nada, salí porque no tenía sueño.
- Te pueden encontrar.
- Todos están durmiendo. Ven, sal tú también.
- No, estás loca. Se darán cuenta.
- No pasa nada. Vamos, sal.
- No.
- SAL.
- okey.

Aún reponiéndome del susto y sin poder creer lo que estaba a punto de hacer [escabullirme del reclusorio] me dirigí a mi cama donde me arreglé lo que pude, me acerqué a la puerta y rogando porque estuviera cerrada como nos dijeron, giré la perilla. La brisa helada del mar me dio en todo el cuerpo y me arrepentí de no haber terminado lo que fui a hacer al baño hacía unos instantes.


[continuará]

martes, 29 de abril de 2008

¡HOSTIAS!

Ayer me inspiré en hacer este post al releer lo que escribí sobre la mini reuna. De un principio debo decirles que no soy un fanático religioso. Soy católico, sí, pero no fanático. Como me dijo Lukianox, no soy de los que paran dándose golpes en el pecho. Mi familia es católica, pero, se puede decir, que no somos tan practicantes que digamos. Vamos a misa en ocasiones especiales, celebramos fechas de fiestas, tenemos costumbres religiosas, pero no llegamos a tanto. Creo que eso es lo que más me gusta de ser católico, que es una de las religiones más libres que hay [en comparación con otras] y que puedes practicarla ‘a tu manera’ sin dejar de serlo.

¿A qué viene esto? Pues que quería contarles de la vez en que siendo muchachito aún [o sea hace poquito nomás] fui Acólito [o monaguillo] en la parroquia de mi barrio. Claro, seguro dirán Frankie con esa cara de tan buena gente está incluso para ser Padre; pero no, mi mamá quería [y quiere] que le dé nietos. Para los que no saben qué es acólito, googleen ps.. no mentira, acólito es el joven laico que ayuda al Padre en el oficio de la misa. Es el que le pasa las hojas del Misal, el que le alcanza las vinajeras, el que toca la campanita durante la Consagración, etc [si no entendiste nada, no te preocupes, no es necesario saberlo todo]

Me hice acólito no porque recibí el llamado divino de ayudar a mi comunidad o algo por el estilo. Simplemente, un amigo que ya lo era, me invitó a entrar al grupo [eran como 15 acólitos] y me pareció interesante en ese momento. Así fue como, con mi mejor amigo nos metimos en esta aventura. Tengo buenas anécdotas sobre esa época. Algunas de ellas son:

Entrar a una iglesia a oscuras. No sé si alguno de ustedes lo habrá hecho, pero en todo caso no se los recomiendo. En aquella ocasión, me mandaron junto a mi amigo a abrir la parroquia para la misa de las 7.00pm. Recién eran las 6.00pm pero al entrar por una puerta lateral, ya estaba oscuro adentro. Caminar sin mirar cosas que puedan asustarte es todo un reto. Menos mal que al llegar a las puertas principales encontré una ventana la cual abrí para que entre más luz. Unos chibolos que pasaban por afuera nos preguntaron si no teníamos miedo. ‘¿Ustedes qué creen?’ fue mi respuesta.

Ver una Ordenación. Una Ordenación es cuando un grupo de Seminaristas [que son las personas que están en proceso de ser Sacerdotes] se vuelven Sacerdotes. Fuimos todos en grupo hasta el Coliseo Salesiano en la Av. Brasil y fue impresionante ver lo que los tres Seminaristas tenían que hacer, desde leer una especie de ‘votos’ hasta quedarse tirados en el suelo boca bajo por varios minutos. Lo más gracioso de esa vez fue ver a un pata que fue a comulgar y volviendo a su sitio se atoró, tosió y la hostia salió disparada al suelo. Sé que no debía [ni debería] reírme de ello pero es que fue muy gracioso.

Comerse las hostias. Y claro, seguro pensarán que es lo que más hacía. Cabe señalar que una cosa son las hostias como galletitas blancas que vienen en bolsitas de plástico listas para ser usadas [o sea, sin consagrar] las cuales solo comíamos por joda ya que no eran tan agradables que digamos [encima eran bien secas y ‘pateaban’ cuando pasaban] Otra cosa es la hostia consagrada, la cual, después que el Padre la consagra, pasa a ser el Cuerpo de Cristo en sí, y que si te la comes indiscriminadamente viene a ser sacrilegio y arderás para siempre en el fuego de los infiernos, HEREJE! xD

Ser explotado amablemente. Las reuniones de los acólitos eran los sábados, en las cuales nos enseñaban sobre el mundo de la misa y donde nos apuntábamos en qué misas íbamos a participar en la semana [mínimo tres y siempre una el domingo] Pero, en algunas ocasiones, el Padre venía a felicitarnos por el buen papel que desempeñábamos y nos pedía, amablemente, si podíamos colaborar con la limpieza de la parroquia y/o el salón parroquial COSA QUE NO NOS CORRESPONDÍA, pero a la que no podíamos negarnos. Así, algunos sábados la pasábamos barriendo, acomodando, sacudiendo y hasta lavando.

Sudar como nunca en mi vida. Venía el Obispo de la Arquidiócesis para una Confirmación y a mí me tocó uno de los puestos de preferencia: sostener su Mitra mientras oficiaba la misa. Toda la emoción se me fue cuando me dijeron que no debía moverme para nada mientras lo hacía. Un tacho de luz apuntaba directamente a mí y el sudor me chorreaba como agua dejándome –extrañamente- la cara pegajosa. Como tenía que secarme, en algunas ocasiones, la Mitra pagó pato [lo siento Obispo] Cuando acabó todo, el Obispo nos felicitó en la sacristía y nos bendijo tocándonos la cabeza. Allí recordé por qué estaba todo pegoteado: tenía el pelo engominado.

Enterarme de un falso escándalo sexual. En una reunión de los sábados, el acólito que llevaba el orden de las reuniones, nos contó muy serio, que un ex-acólito, que no estuvo ni dos semanas dentro, se había ido porque, según él, había sido ‘tocado’ por el Padre. Todos nos quedamos estupefactos ante tal revelación, excepto uno que muy estúpido o muy inocente preguntó: ‘¿Cómo tocado?’ Nadie sabía qué responderle, hasta que alguien desde atrás gritó: ‘¡Que le metió la mano, pues hue#@!’ Qué mate de risa. Al final, todo se solucionó, pues el ex-acólito confesó que le había dicho eso a sus padres para librarse de ser acólito. Así que, él también cometió sacrilegio y arderá para siempre en el fuego de los infiernos, HEREJE! xD

Play y peligro. A media cuadra de la parroquia, en una casa común y corriente, funcionaba un play caleta en el segundo piso. Casi siempre, después de participar en las misas nocturnas de lun a vie, íbamos a jugar unas horas. El peligro venía después cuando tenía que caminar 5 cuadras para regresar a mi casa en esos tiempos donde los pandilleros estaban a la orden del día [o de la noche] en mi barrio [mucho Chombo y su cripta n°2] Ya tenía mi ruta planeada para evitar a esos indeseables y gracias a Dios nunca me encontré con ninguno de ellos.

Ser carajeado por un seminarista. En una misa, a los tres acólitos que participábamos nos dio un ataque de risa con el cual se ganó el Seminarista que en ese entonces ayudaba al Padre. Al terminar, el pata este nos metió una gritada, que, o sea, ni mis padres me han gritado así ya? Cuando empezó con los insultos [sí, nos insultó y feo] ahí sí que nosotros nos rayamos también y le respondimos igual [y eso que yo soy bien tranqui] Como la situación se le empezó a salir de control, se bajó todito y nos advirtió que para la próxima nos botaba. Todo para que al final ni llegue a ordenarse ¿saben por qué? Porque embarazó a una chica. Por lo tanto [repitan todos conmigo] también cometió sacrilegio y arderá para siempre en el fuego de los infiernos, HEREJE! xD

Finalmente, mi aventura terminó cuando empezó a aburrirme la rutina de siempre [las reuniones, las misas, ir tan tarde, ir tan tempano, los estudios, etc] El punto final fue inscribirme en otra Confirmación y no poder ir porque me dejaron solo en casa [nosotros somos de los que no dejamos sola la casa] Hasta mis amigos vinieron esa noche para llevarme pero no podía. Por el roche de que dirán después, no volví a asistir a otra reunión de los sábados, terminando así mi experiencia como monaguillo. Muy bonita por cierto.

pd. nunca llegué a tomar vino de misa. el padre lo guardaba muy bien, pues nunca lo encontramos.