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martes, 3 de noviembre de 2009

EN EL LIMBO


Ayer en Perú.21:




¿¡Entonces me pueden decir en qué país estuve viviendo toda mi secundaria!?


lunes, 2 de febrero de 2009

OBJETIVO CUMPLIDO

Ayer llegué a mi casa con el periódico bajo el brazo. Y es que cuando ya todo se daba por perdido para el fin de semana, el viernes apareció el cumpleaños de un amigo para el día sábado. No fue una súper fiesta, pero sí fue un buen momento para pasarla con los amigos, comer, disfrutar del baile y del trago. Reconozco que me divertí después de tiempo y logré calmar mis ganas de salir a fiestear.

Me gustaría seguir escribiendo y contarles más sobre ese día, pero inexplicablemente me duelen terriblemente los codos [no tengo idea por qué] Además, todavía sigo con la pereza de ayer en que no dormí bien cuando llegué y tampoco tenía sueño por la noche. Y es que quedarse con el más 'jarra' del grupo, el cumpleañero y una caja de cerveza hasta las últimas, no es muy buena idea.

Nos leemos.


pd1. mil disculpas a los blogueros unidos por no poder ir a su reunión. para la próxima será =)
pd2. hacerse el dormido es una buena forma de evitar que te sigan dando trago xD
pd3. ¿por qué rayos me duelen los codos? =s

martes, 16 de diciembre de 2008

¿ATRAÍDO = ENAMORADO?

Ayer en un grupo de amigos [de hombres y mujeres] salió el tema de cuántas veces se había enamorado uno. Después de escuchar a varios diciendo que habían sido pocas veces y la mayoría de ellas siempre de la persona con la que estaban saliendo, logré escabullirme antes que llegaran a mí y me puse a pensar por qué tan poco se enamoran las personas.

Pero primero ¿cuál es la diferencia entre sentirse atraído por alguien y enamorarse? Creo que el primero es el más común de los dos. Uno se siente atraído por un montón de gente. Gente que ve en la combi, en el parque, en el trabajo, en la calle, etc. Y es por ser tan común que se confunde con estar enamorado. Pero para mí, en mi opinión, no existe tal diferencia.

Pues díganme ¿qué chico o chica no se ha sentido atraído por su profesora de inglés o por su profesor de educación física, respectivamente? [aunque por ahí uno nunca sabe los gustos de otros] Es seguro que sus profesores nunca les correspondieran o que ni siquiera lo supieran, pero aún así ya está el enamoramiento de ustedes presente ¿no creen?

Imagínense un mundo donde todos anden enamorados. Claro dirán que sería una gran orgía, pero lo digo en el sentido de que la gente admita que está enamorado de su vecina o de su jefe o del chico que le trae los periódicos. ¿No sería genial que venga tu amigo/a y te diga ‘creo que estoy enamorado de ti’ sin escuchar el ‘uhhhhh’ de coro de fondo?

La gente se enamora todos los días solo que no lo admiten. Para eso utiliza el clásico ‘creo que me gusta’ y pasan piola. Pero en realidad te demoras en la oficina para salir juntos, te informas a qué bar va para encontrarla ‘casualmente’, te enteras del resultado del Barça – Real Madrid solo para conversar con él, lo acompañas en la combi teniendo auto, etc.

Y esto lo escribe alguien que se ilusiona demasiado con cualquier cosa. Y una de ellas por supuesto es el enamorarse. Sin llegar al extremo de que si me miran o me agarran la mano ya estoy [esas son cosas de primaria] pero sí admito ser un tonto enamoradizo. Eso sí, yo soy el que se enamora, ellas no xD
Porque total, para qué está el amor sino es para usarlo.


pd. ahora todos digan: ‘uhhhhh’

miércoles, 3 de diciembre de 2008

TODO OÍDOS

Ayer vino a visitarme un amigo del colegio y mientras recordábamos viejos tiempos de nuestra chiquititud, me dejó pensando en algo que me fue muy común en ese tiempo. Todo comenzó cuando empezó a contarme que, por cosas de su trabajo, había pasado por la casa de una amiga con la cual tuvo una relación tormentosa en esa época. Y empezó a contarme sobre ella.

No les miento si les digo que contándolo a él, ya sería la mayoría de mis amigos, por no decir todos, los que me hablaron de sus aventuras, desventuras, fracasos, triunfos, problemas, desahogos, gustos, disgustos, etc. que tuvieron con una chica. Fueron tantos y tantas veces las ocasiones, que llegue a dudar si era verdad lo que me contaban o me estaban sacando cachita.

Pero eso no me molestaba para nada. Total después de un tiempo como que ya estaba acostumbrado. Ejemplo de ello fue el episodio de Karlita en la que mis tres mejores amigos vinieron a contarme sobre ella. Eso sí, les aseguro que nunca le conté a nadie sobre lo que me dijeron. Chismoso no soy pues. A mí no me corroen las ganas de andar contando secretos.

Por ejemplo, recuerdo uno de los primeros que vino a contarme [no creo cometer ninguna infidencia puesto que hace años ya no lo veo] El tipo era el relajado del salón y raramente yo era uno de sus amigos. Pero se enamoró de una amiga y se transformó en mansito. Cuando ella lo dejó [nunca supe por qué] el tipo entró en crisis. Y entró en mi casa también.

Bueno no tanto en mi casa. Una tarde llegó a mi puerta y tras contarme que había recorrido calles por más de una hora con su pelota [era recontra futbolero] pensando en la chica que lo acababa de dejar, no sabía qué hacer para superarlo. Cuando terminó de hablar, supuse que aquí tendría que venir el consejo del amigo al cual fue a buscar, o sea yo.

Lamentablemente, no se me ocurrió nada que decirle. Simplemente dejé que siguiera hablando, que se desahogara y después, cuando –supongo– se sintió mejor, se despidió y se fue a su casa. Y así como él, muchos más fueron los que en diferentes momentos me agarraron de ‘confidente’ aunque yo no lo quisiera [si te empiezan a hablar no los vas a cortar, no?]

Una vez un profesor me dijo que como no hablo mucho y me gusta escuchar, podría ser psicólogo. Pero nada que ver pues ¿Quién dice que un psicólogo no puede hablar hasta por los codos? Además, no podría ser psicólogo, pues sería como un médico y estaría viendo enfermedades [en este caso mentales] en todos lados –incluso en mí– algo que no soportaría.

En fin. Como dije, no pretendía ser un psicólogo ni tampoco quiero serlo. Simplemente era un oidor más. Así que si alguien tiene un problema, necesita ayuda y puede localizarlo, tal vez pueda contratar a… Frankie. Eso sí, solo sirvo para escuchar desahogos. Si quieres consejos, anda con un especialista.

viernes, 14 de noviembre de 2008

DESPEDIDA ESPIRITUAL

Carmen me esperaba a la vuelta del pabellón. Allí estaba con su sonrisa perfecta. Esas sonrisas en las que no necesitas mostrar los dientes para saber que estás sonriendo. Para reconfortar a cualquiera. Incluso alguien que sabe que está haciendo algo que no debe. Después de reírnos [o reírse] por la forma en que nos encontramos [o me encontró] me dijo para salir a caminar.

Fuimos hasta la playa [el albergue infantil quedaba al lado del mar] y aún quedaban los restos de la reunión con fogata que habíamos hecho todos unas horas antes. Nos sentamos en dos bancas paralelas a mirar lo poco que se veía de playa y mar apenas iluminados por la luz del albergue. Todo ya empezaba a parecerme bien sui generis, cuando ella empezó a hablarme como si nada.

El tema principal siempre era el de su madre. Cuando Carmen perdió a su padre, la relación entre ella y su mamá empeoró hasta tal punto que casi no se hablaban o no se veían y casi no se preocupaba la una por la otra. Ante tales problemas no sabía qué consejo darle o qué responderle. En realidad, creo que lo único que necesitaba era ser escuchada por alguien… por un amigo.

Después de una casi una hora de hablar, Carmen se acercó, me besó y se quedó recostada sobre mi hombro. Por supuesto que yo no supe qué rayos hacer después de eso, así que no hice nada. Creo que ese fue el momento digamos, más romántico que alguna vez haya pasado. Claro, que esa era mi impresión. Para ella seguro era otra cosa. Pero no importaba. Yo la estaba pasando bien.

Esa tarde ya nos íbamos. Todos andaban contentos y de buen semblante pues ya querían regresar a sus casas. Fue en ese momento que el encargado general dijo que tenía una sorpresa para cada uno de nosotros. Unas cartas fueron llegando a cada grupo y cada una de ellas dirigida a cada uno de nosotros. Eran de nuestros familiares que no escribían para saber cómo la estábamos pasando

Y aquí fue que todo el mundo empezó a llorar. Todos sin excepción. Hasta yo. Y lo peor es que no sabía por qué, pues en unas horas me encontraría con ellos así que no era porque los extrañase. Tan concentrado en ello andaba que no me di cuenta que alguien no había recibido su carta. Carmen miraba entre aburrida y triste el suelo sin carta en la mano y sin lágrimas en los ojos.

Cuando me disponía a preguntarle que qué le pasaba, uno de los encargados se le acercó y no muy delicadamente [es decir, casi se lo dice a todo el grupo] le dijo que no habían recibido ninguna carta de su mamá. ‘Ya me lo imaginaba’ le respondió ella y le pidió si podía salir y esperar afuera mientras el resto seguía en lo suyo. Después de pensarla un rato, decidí ir a ver como estaba.

Salí con la excusa de ir al baño a pesar que no estaba permitido. Evité a un par de encargados que se reían como idiotas entre ellos [no sé por qué pero nunca me cayeron bien esos tipos] Encontré a Carmen de pie en la playa mirando el mar de nuevo. Al principio pensé que no pudo haberle afectado tanto lo de la carta, pero creo que eso fue llegar al límite de todo lo que le pasaba.

- Sabes, ya no podemos seguir siendo amigos.
- ¿Por qué no?
- No sé. Ya nos vamos a ir y sería inútil continuar.
- Pues podemos seguir viéndonos.
- Sorry. Cuando regresemos no va a ser igual que aquí.
- Pero…
- No. Además, ni siquiera te conozco. Eres solo un niño.
- …
- Vamos. Tenemos que regresar.

Creo que me rompió el corazón. Un poquito al menos. Si bien solo la quería como amiga o como platónico embobado, igual me dolió que todo termine así. En el bus de vuelta no hablé con ella. En la Iglesia no la vi. Al final de la misa tampoco. Creo que ni siquiera se quedó para la despedida. Así como la había encontrado, así también se fue. No la volví a ver más.

martes, 11 de noviembre de 2008

RETIRO ESPIRITUAL

Carmen fue la primera chica rubia que conocí [y eso que ya tenía 15 años] Sus rulos siempre caían sobre sus hombros, aunque a veces se juntaban en una sola cola sobre su espalda. El que se me acercara en un retiro antes de mi confirmación, teniendo ocho años más que yo, fue un de esas experiencias para no olvidar. Era el primer retiro al que iba en mi vida. Y creo que tan malo no fue.

Todo empezó en la Iglesia donde nos juntaron en grupos de ocho. Para mi suerte en ese grupo habían varios compañeros de salón y mi mejor amigo [casi toda mi promo hacía su confirmación] Pero también estaba gente que no conocía como Carmen. Después de organizar los grupos, todos subimos a los ómnibus que nos llevarían al lugar donde nos concentraríamos hasta el domingo.

Recién el sábado empezaron las actividades en serio. Casi siempre eran los organizadores, que tenían a cargo cada grupo, los que salían al frente y contaban sus experiencias de toda índole. Era impresionante ver como lloraba la gente cuando les tocaba compartir experiencias parecidas en sus respectivos grupos. Nunca había visto llorar tanta gente en un mismo lugar. Yo no lloré.

Cuando le tocó el turno a Carmen tampoco lloró. Sus problemas eran mayores que el resto, pero parecía que a ella no le importaran. El que haya perdido a su padre, que se peleara con su madre todos los días, que no la soportara, que quisiera irse de su casa, que tuviera malas juntas, que en la universidad no le fuera bien, etc. la hacía la chica más complicada que haya conocido hasta ahora.

En el primer receso que tuvimos para salir al extenso patio, Carmen se me acercó y me preguntó por qué no había llorado. A la impresión que primero se me acercara una chica a hablarme le siguió el que me preguntara algo como eso. ‘No tenía ganas’ fue la respuesta idiota que le dije. Sorpresivamente Carmen sonrió y rió suavemente para después decirme que la acompañe a caminar.

Conversamos toda la tarde. En realidad ella era la que hablaba ya que su vida era más interesante que la mía. Me dijo que la obligaron a ir pues ella hubiese preferido quedarse el fin de semana con sus amigas; pero que al menos le había servido pues hacía tiempo no hablaba así con nadie. Después de seguir juntos hasta la cena, nos despedimos cada uno por su lado hasta el día siguiente.

Muy a mi pesar, esa noche tuve que levantarme para ir al baño. No es por nada, pero ese lugar tan grande y con tantos camarotes alineados uno con otro me daba una impresión de un reclusorio, de una barraca. La entrada al baño estaba en medio del pabellón y mi cama era la más cercana a la puerta. Sin poder aguantar más, caminé en la oscuridad hasta el baño pensando en cosas alegres.

Después de buscar las luces y cuidarme las espaldas [uno nunca sabe los gustos de los otros] me coloqué en uno de la larga fila de urinarios a hacer lo mío [entrar a un cubículo me daba miedo] Mientras miraba la ventana cubierta con una malla de alambre pensaba en lo alta que se encontraba. Fue cuando una sombra se alzó sobre ella haciéndome dar el respingo más grande de mi vida.

Los ojos de Carmen, acompañados de sus rulos, me miraban desde lo alto. La risa que los acompañó después me devolvieron el pudor y a la realidad.
- ¿¡Carmen!?
- Sorry. Escuché ruido. No sabía que este era el baño.
- Yo NO hago ruido en el baño. ¿Qué haces allí afuera?
- Nada, salí porque no tenía sueño.
- Te pueden encontrar.
- Todos están durmiendo. Ven, sal tú también.
- No, estás loca. Se darán cuenta.
- No pasa nada. Vamos, sal.
- No.
- SAL.
- okey.

Aún reponiéndome del susto y sin poder creer lo que estaba a punto de hacer [escabullirme del reclusorio] me dirigí a mi cama donde me arreglé lo que pude, me acerqué a la puerta y rogando porque estuviera cerrada como nos dijeron, giré la perilla. La brisa helada del mar me dio en todo el cuerpo y me arrepentí de no haber terminado lo que fui a hacer al baño hacía unos instantes.


[continuará]

viernes, 19 de septiembre de 2008

LEYENDO CON COQUITO

Ayer le pregunté a mi mamá si ella fue la que me enseñó a leer. Me respondió que suponía que fue ella si no quién más. La cuestión es que me dijo que aprendí a leer bien temprano. Desde los dos años, mientras ella se ocupaba de la casa, me ponía los libros que mi hermano no llevaba a clases y me entretenía pasando las hojas y mirando las figuras en ellos. Así a veces estén de cabeza.

Como ya los libros de mi hermano me aburrían de tanto verlos, mi mamá me compró el libro para aprender a leer por excelencia de ese entonces: el famoso Coquito. Desde que lo vi no lo volví a soltar. Lo llevaba a todos lados de mi casa. Si bien en un principio solo miraba los dibujos, después me empezaron a interesar los dibujitos más chiquitos y que se repetían. O sea las letras.

Después de preguntarle a mi mamá cómo era que se leían las letras [qué pregunta para más rara ¿no?] ella empezó a enseñarme a distinguirlas en su tiempo libre por las mañanas. Así empecé con el ‘A de avión, E de enano, I de iglesia, O de oso y U de uva’ ¿Quién no recuerda esa paporreta característica del Coquito? ¿O el ‘mi mamá me ama, mi mamá me mima, yo amo a mi mamá’?

Mientras llevaba mi segundo año de inicial, mi mamá me enseñaba clandestinamente a leer con el Coquito. Y digo clandestinamente pues, según ella, el aprender a leer se enseñaba todavía en primero de primaria, ya que en inicial solo ibas a hacer vida social y a jugar como descosido. Así que para cuando terminé oficialmente inicial, ya me sabía todo el Coquito de pies a cabeza.

Con cuatro años y Coquito en mano, mi mamá me llevó a matricularme a la primaria. Con solo decirles la edad que tenía le dijeron que estaba muy peque para entrar al colegio. Yendo desde la profesora de primero hasta el propio director, también recibió un ‘no’ por primera respuesta. Fue allí que mi mamá sacó el as bajo la manga y convenció a todos diciendo que ya sabía leer.

‘Con cuatro años ningún niño lee, señora’ le dijeron. Entonces mi mamá sacó el Coquito y enseñándoselos a todos contestó que ya me lo sabía hasta la última página. El director desconfiado, dijo que accedería tomarme una prueba pero tendría que ser a solas, o sea sin mi mamá y me llevó a la secretaría de su oficina. Entró la profesora y atrás llegó mi mamá con el Coquito para que lo lea.

‘El Coquito no, señora. ¿No dice que ya se lo sabe de memoria? Que lea otra cosa’ El director le pidió a su secretaria que me alcance cualquier hoja para que lea. Ella me dio un pequeño texto de un tercio de página que era –según recuerdo– un comunicado o algo por estilo que iba dirigido al colegio. Para ser el primer texto que leía que no fuera el Coquito, creo que lo hice muy bien.

Para cuando terminé, mi mamá, que había estado atenta al otro lado de la puerta, apareció al instante para reclamarle al director que decía la verdad. Ya con la profesora diciendo que no tendría inconveniente en recibirme en su clase, al director no le quedó otra que aceptarme en primero de primaria. Ahora el chiste era que ya estaba en el colegio y no hablaba nada más que lo que leía.

martes, 16 de septiembre de 2008

REPITENTE INICIAL

Ayer recordaba que había repetido inicial. Bueno no sonaría tan trágico si en realidad aclarara que YO NO repetí inicial, sino que más bien ME HICIERON repetir inicial. Y es que mi mamá preocupada porque en esos tiempos me hicieran pasar un mal rato por ser tan peque en la primaria, no tuvo mejor idea que hacerme quedar un añito más en esos salones con forma de honguito.

Cuando tenía dos años, mi hermano mayor ya había empezado inicial y yo me quedaba con mi mama todos los días. Pero por alguna extraña razón que hasta ahora no me explico, yo lloraba por querer seguir a mi hermano al colegio. Era algo tan raro que a veces llegaba al extremo de patear la puerta mientras me sostenían de los brazos por detrás hecho un mar de lágrimas.

Pensando mi mamá que me estaría generando un trauma de por vida, fue al colegio conmigo y le consultó a la profesora de mi hermano si yo podía acompañarlo algunos días en algunas clases. La profesora no se opuso pues al ver que tenía tan solo dos años, supuso que yo terminaría por aburrirme allí y al paso de unos días dejar de querer ir y se acabó el problema.

Pero no. Después de unas semanas en la que iba como ‘invitado’, pues lo único que llevaba era mi lonchera, iba sin mandil, sin útiles, llegaba cuando quería y solo jugaba con las cosas de los demás; no parecía tener la más mínima señal de aburrimiento o de no querer volver de nuevo. Más bien era mi hermano el que ya no quería regresar y hacía los berrinches por la mañana.

Después de terminado ese año, mi hermano pasó a primer grado y yo, con tres años ahora, era muy peque para pasar con él. Así que en una conspiración digna de servicio secreto, mi mamá y la profesora acordaron que me quedaría otro año en inicial y que el primero no contaría a pesar de haber llevado todo el año anterior aunque no por la legal. Fue de esa manera que repetí inicial.

Sobre mi segunda estancia en inicial no recuerdo nada. Con las justas recuerdo la primera cuando iba con mi hermano y eso por algunas fotos que me ayudan. En general, recuerdo los cinco salones con forma de setas de hongo de un color diferente cada uno [el mío era amarillo: ¿premonición?] el patio al que poco salía y las dos profesoras que sé que estaban allí.

Según me dijeron, en ese tiempo solo era necesario un año de inicial para pasar a primer grado. Así que después de un año de ‘invitado’ y otro de legal, ya me tocaba salir de allí. Pero aún había problemas con lo de mi edad, pues con cuatro años aún era muy peque para entrar a primaria. Pero cómo me hicieron entrar a primer grado, esa ya es otra historia.

martes, 9 de septiembre de 2008

TODOS CONTRA UNA

Karlita estaba de cumpleaños el viernes y Rony llegaba para su fiesta. Después de tiempo Erick, Jon y Frankie lo verían nuevamente. Una vez que se encontraron, todos enrumbaron a la casa de Karlita. Queriendo ahorrar dinero para gastarlo después, los cuatro optaron por ir en combi. Minutos después, se bajaban en una esquina y caminaban las dos cuadras respectivas.

Llegaron y saludaron a Karlita. En el lugar había invitados que ellos no conocían; para ser más exactos, ellos eran los únicos ex compañeros de colegio que allí estaban. Como las mujeres también escaseaban y el ambiente prestaba más para ser una chupeta que un baile, Frankie y sus amigos se apoderaron de unas cervezas, unos muebles en una esquina y a pasar el rato.

Después de tres horas, la gente se fue retirando, quedando únicamente el grupo de Frankie y otros más. En un momento Karlita apareció con una bandeja y varios shots de tequila. Retándolos a tomar uno cada uno, incluyendo ella, Frankie declinó la propuesta pues sabía que el corto lo tumbaría por completo, así que el suyo fue a parar a la anfitriona que tomó doble.

El efecto fue instantáneo. Karlita, de lo sana que estaba, empezó a estar más alegre que de costumbre. Rony empezó a balbucear palabras incongruentes. Erick aprovechó el desconcierto de todos para ir al baño y regresar el trago recién ingerido. Y Jon, seguía igual pues era el más ‘jarra’ de todos. Mientras tanto Frankie se alegraba de no haber sido partícipe del desafío.

Pero el peor de todos seguía siendo Rony. Se acercó donde Frankie y empezó a hablarle de cuánto quiso y quería a Karlita. Si había algo que Frankie no soportaba, era escuchar a alguien borracho de trago y amor por una chica. Así que le recomendó a su amigo salir a bailar para que se le vaya pasando. Tomando su consejo, Rony salió a bailar con los pocos que ya lo estaban.

En ese momento Karlita se acercaba alegre del otro grupo. Frankie vio como se sentaba al lado de Erick y después de hablar unos segundos con él, se lo chapaba así sin más ni más. En pleno estado de asombro, los ojos de Frankie coincidieron con los de Karlita. Esta se paró y levantó a Frankie contra su voluntad para que baile con ella. Después de un rato, Karlita le preguntó:

- ¿Te molestaste?
- No.
- ¿Por qué?
- Pues ¿Por qué habría de molestarme?
- No sé. Pensé que como yo te interesaba…
- No. Nada que ver.
- Ah. Porque a mí sí…

La música terminó sin que Karlita terminara la frase y una sonora mentada de madre hizo saltar a Frankie sobre sus pies y voltear la mirada para ver de dónde venía. Rony, que también había estado bailando, salía raudamente por la puerta de la casa seguido por Erick detrás de él. Jon se acercó a Frankie y mientras se reía le confirmó sus sospechas: ‘Se cagó. El huevón los ha visto.’

Una vez afuera los cuatro, las acusaciones entre Rony y Erick iban y venían de lado a lado de la calle. El primero lo acusaba de ser un mal amigo, una basura, un desgraciado, que ni le vuelva a hablar; mientras que el otro se defendía diciendo que nada había pasado, que nunca le había fallado y que todo era un mal entendido. En la casa de Karlita la fiesta desapareció, lo mismo que ella.

Temiendo que la cosa pase a mayores, Frankie trató de calmar a Rony quien, después de amenazar por última vez a Erick, se dio media vuelta y se fue despotricando contra su ahora enemigo. A Frankie no le quedó otra que ir tras él. Unas cuadras después, Jon los alcanzó en un taxi y después de dejar a Frankie, terminó llevándose a Rony a su casa.

Al día siguiente, preocupado por la amistad de sus amigos, Frankie organizó una reunión para los cuatro y así aclarar las cosas. Grande fue su sorpresa al ver a Jon y Rony llegar, y que este último se ría de lo ocurrido, decir que no pasaba nada, que todo ya estaba olvidado y que era el trago lo que lo había puesto así. Jon, que se había ido con él la noche anterior, corroboraba su versión.

Tomándoles la palabra, Erick, aliviado después de las palabras de Rony, también le puso fin al tema y todos terminaron brindando mismo comercial de Pilsen. Solo Frankie se había quedado pensando en dos cosas ese momento. Primero, en que nunca tomaría tequila en su vida. Y después, en qué habría querido decir Karlita con su ‘Porque a mí sí…’ mientras bailaban.


pd1. este es mi post 99 =)
pd2. o sea el próximo es mi post 100 =D
pd3. y no, no hay concurso ni premio por siaca xD

viernes, 5 de septiembre de 2008

UNA PARA TODOS

Karlita entró a estudiar al salón de Frankie en quinto de secundaria. Apenas cruzó la puerta, sus tres mejores amigos, Erick, Rony y Jon, empezaron a molestarlo con ella. ¿Por qué? Nadie lo sabía. Lo que sí sabía Frankie era que, desde ese día, Karlita se convirtió en una completa extraña para él, y que, para sus amigos, todo da vueltas en esta vida.

Los días siguientes pasaron igual para Frankie. No había momento en que sus amigos no aprovecharan para hacer una broma entre él y Karlita. Lo más raro era decirles –o no decirles, debido a su timidez– que no lo molestaran con ella, pues no le interesaba para nada. Este fue el motivo por el cual Frankie no cruzó más de un saludo con Karlita en todo el año.

Pero pasadas unas semanas, Frankie empezó a notar una actitud extraña en su mejor amigo de los tres, Jon. Ya no lo molestaba tanto con Karlita como antes. Es más, después de un tiempo, ya no le decía nada. Fue así como un día, Frankie se sorprendió de escuchar una conversación de chismosas en la que planeaban un encuentro entre Jon y Karlita al terminar las clases.

Y dicho y hecho. A la salida Frankie pudo ver como Jon y Karlita se cogían de la mano y se iban juntos. Al día siguiente, él y todo el salón, se sorprendieron de saber que ambos eran enamorados. Y es que de verdad era raro para alguien como Jon que tenía el récord de mandársele a una chica en la noche y terminar con ella a la mañana siguiente.

Pero agarrarse de la mano a la salida era todo lo que hacían. Nadie había visto un beso o un abrazo entre los dos. Todos los días en el colegio lo pasaban como si nada y, a veces, sin hablar si quiera. Lo único que demostraba que estaban juntos era a la salida, donde se iban los dos de la mano. Esta situación causaba gracia en Frankie y en el resto. Menos a uno.

Fue a las dos semanas que, mientras veía a Jon irse con Karlita, Rony le confesó a Frankie: ‘Mira cómo la trata. Yo no haría algo así.’ Frankie se sorprendió de escuchar tal cosa. ¿Era que Rony también sentía algo por Karlita ahora? ‘¿Y? Ya sabemos cómo es Jon con las mujeres’ le contestó. Rony no dijo nada, pero Frankie ya suponía a dónde iba con esas intenciones.

Para no perder la costumbre, Jon terminó con Karlita así como empezaron: rápido y sin que nadie se diera cuenta. Excepto Rony, que prácticamente sabía todo de ella para ese momento. Una tarde, buscó a Frankie y le dijo que ya no aguantaba más y que estaba dispuesto a confesarle su amor a Karlita. Después de darse esperanzas, Rony fue a su encuentro.

Treinta minutos después Rony se lamentaba en la casa de Frankie. Según él, Karlita le había dicho que no quería estar con nadie en ese momento. Que acababa de determinar con Jon y que se vería mal que ya estuviese con otro. Además, ella nunca lo vio con otros ojos que no sean de un amigo. Con el corazón roto, Rony le dijo a Frankie que algún día lo lograría.

El último en intentar algo fue Erick. Desde que terminó con Jon y rechazó a Rony, Karlita se hizo muy amiga de Erick. Pasaban casi todo el tiempo juntos, con confianzas mucho más allá de simples amigos. Si bien todos decían que él estaba interesado en ella, él nunca hizo ni dijo nada. Pero a leguas se notaba que estaba más templado que cuerda de guitarra.

El clímax de esa situación fue el viaje de promoción, donde, después de pasarse de tragos en una discoteca, Karlita se mandó con todo a Erick, quien aprovechó la situación al instante. Si bien al día siguiente Karlita decía no recordar nada de la noche anterior y Erick negaba todo, Frankie y el resto de sus compañeros sabían bien lo que había pasado entre los dos.

La secundaria terminó y cada uno se fue por su lado. Karlita se mudó de barrio y de vez en cuando la veían. Rony se fue a estudiar a Ica y los visitaba cuando estaba de vacaciones. Mientras que Frankie, Jon y Erick seguían siendo buenos amigos y se veían seguido. En esas reuniones Frankie siempre se mataba de risa y los vacilaba con que de los tres que empezaron a molestarlo con Karlita, los tres terminaron enamorados de ella. Aunque ellos siempre lo negaran.

Todo no sería más que una simple anécdota de colegio para recordar, sino fuera porque dos hechos se conjugaron para crear una situación más que incómoda en la actualidad. Después de casi dos años sin visitarlos, Rony llegaba para pasar unas semanas y de paso, aprovechar que Karlita celebraba su cumpleaños. Ese era motivo para reunirse. O para desunirse.


Continuará…

jueves, 7 de agosto de 2008

CARTAS PROHIBIDAS

Maricruz seguía siendo mi adorado tormento en la secundaria. Para el tercer año la situación ya era crítica. Estaba más templado que cuerda de guitarra y lo peor era que no había hecho nada para tratar de calmar la situación. Es decir, que de un trato de amigos no pasaba. Hasta ahora no había tenido el valor de decirle mis aún infantiles sentimientos que tenía hacia ella.

Fue así que cierto día de setiembre, en una hora libre en la que todo el salón estaba haciendo cualquier cosa menos quedarse en su sitio, ella aprovechó para ir al final del salón junto a otra amiga para hablar sobre cosas de chicas supongo. Mientras, yo me quedé sentado en mi carpeta, pensando en la siguiente clase que vendría, mirando el salón bullir en griterío.

En esas estaba cuando, al bajar la mirada, encontré un papel en el suelo, cuidadosamente doblado, al lado de mi carpeta, a la altura de mis pies. Pensando en quién habrá dejado su plage tirado, me agaché para recogerlo. El papel estaba demasiado cuidado para ser un plage. Parecía nuevo. Una nota recién hecha. Queriendo saber que había en él, lo abrí para leerlo.

Era una carta. O al menos eso parecía. Y era de Maricruz. Era su letra. Seguro se le habría caído cuando se paró y se fue para atrás. Pero ¿a quién estaba dirigida? Me puse a leer. Era para un pata de cuarto año. Uno que andaba tras de ella desde hacía tiempo. Si cuñao saca tu ticket y ponte en la cola. Pero ¿ella le estaba dando esperanzas? Nada de eso. Todo lo contrario.

Lo estaba cortando en una. Le decía que lo de ellos no podía ser, que quería estar sola, que sigan como amigos. Algo muy privado. Pero ella estaba abriendo completamente su corazón en ese pedazo de papel. Era un escrito profundamente triste y hermoso a la vez. Creo que si estuviera dirigido a mí, estaría llorando sin importarme nada en ese preciso momento.

Estaba ensimismado con esa lectura. Lo releí como tres veces. Todo lo demás desapareció de mi entorno. Los alumnos, el griterío, el salón. Todo. Solo éramos la carta y yo. Después de todo, eran buenas noticias para mí. Buenísimas. Menos competencia. Un viso de esperanza aparecía en mi destino. Ahora solo hacía falta decidirse de un vez por todas, decidirse y…

- Oye. ¿Me das eso por favor? Es mío.

FUUUUUUCK!!!!

Maricruz, desde una carpeta atrás, me estaba pidiendo que le devuelva su carta.

No puede ser. No puedes ser tan piña. No. No puedes ser tan idiota. ¿Cómo se te ocurre leer eso en pleno salón a vista y paciencia de todo el mundo? ¿Por qué no te largaste al baño? ¿Por qué no lo leíste en tu casa? ¿Por qué tuviste que levantarlo del suelo? ¿Por qué tuviste que leerlo? ¿Por qué fuiste ese día a clases? ¿Por qué te metiste a ese colegio? ¿Por qué naciste?

Tratando de poner la cara menos idiota que se pueda, le entregué la carta a Maricruz y me volteé en mi carpeta. Esperaba que me gritara y, si era posible, que me golpeara, por leer cosas que no me pertenecían. Preparaba mis disculpas argumentando demencia, lagunas mentales, retardo mental. Pero Maricruz solo tomó la carta, la dobló nuevamente y la guardó en su bolsillo.

No vale la pena explicar que no cabía en mí la vergüenza de ese momento. Tampoco la cólera o la frustración de arruinar la situación. No le hablé a Maricruz en mucho tiempo. No tenía cara para hacerlo. Ella tampoco me habló a mí. No sé si por enojo. No sé si por decepeción. No sé si por vergüenza, de repente. Ese año perdí otra oportunidad. Otra oportunidad más con ella. Como siempre.

viernes, 18 de julio de 2008

A UNA SEMANA

Estando a una semana de mi cumple, me puse a pensar como han sido todos mis cumples a lo largo de mi vida. Debo advertirles desde ya que siempre han sido remonses, o sea FIESTAS = 0 A lo mucho una que otra reunión con unos amigos para reencontrarnos después de tiempo [siempre amigos del cole, que son los más cercanos] Así que aquí van algunos de los cumples que creo han marcado alguna diferencia [si se entiende como diferencia a no pasarla en casa mirando TV]:

A los 6: Se supone que este fue el único cumple con fiesta que tuve. Lo malo es que no me acuerdo de casi nada. Lo que se me viene a la mente es que, en segundo de primaria, la profesora no nos dejaba salir al recreo porque en cualquier momento llegaría mi mamá con una torta y bocaditos para celebrar mi cumple en el salón. Y hasta ahí nomás. Ahí murió el payaso. Después de eso mi mente está en blanco. No recuerdo si hubo fiesta, si hubo torta, si hubo ‘Happy Birthday’, ni siquiera si llegó mi mamá. Según ella, llegó con todo lo que prometió y la pasamos muy bien. Creo que ni con regresiones me acuerdo de ese cumple.

A los 9: Fue lo más parecido a una fiesta que tuve. Invité a varios amigos de mi salón, a los que fueron un aproximado de cinco o seis. Se suponía que mi mamá llegaría a las 4pm con la torta y los bocaditos de rigor, pero los minutos avanzaban y ella no aparecía. Después de acabarnos la gelatina, el popcorn e incluso la canchita [sí, canchita, esa que te ponen para que piques en el restaurante] mis amigos se fueron yendo quedándose solo tres [y eso porque uno de ellos fue a comprar pan a la panadería de la esquina] A más de las 6pm llegó mi mamá, repartió torta para los pocos que se quedaron y así con las mismas se fueron.

A los 11: Aquí me sentí un poquito culpable. Invité a dos amigos a mi casa por mi cumpleaños. Yo tenía planeado únicamente reunirnos y jugar Nintendo [sí, Nintendo, no Súper Nintendo, sino Nintendo nomás] La cosa es que llegaron los dos, pero listos para una fiesta con todas las de la ley. Incluso uno vino con su vieja trayendo regalo [el único regalo que he recibido por mi cumpleaños que no sea de mi familia] Creo que la pasaron bien, pues nos pasamos toda la tarde jugando mis juegos y los que ellos trajeron. El chiste fue al final cuando la mamá de uno vino a recogerlo y le preguntó si había bailado bastante.

A los 16: Al año siguiente de terminar el cole, mis dos mejores amigos vinieron a visitarme por mi cumple [OHH!! MILAGRO!!] Fuimos a la casa de uno de ellos y en el camino nos abastecimos de varias hamburguesas del carrito sanguchero de la esquina de mi casa y gaseosas al por mayor [recontra sanos los tres] Nos vimos tres películas seguidas en la compu de mi amigo, cuando eran novedad los DVDs y los alquilaban como las cintas de VHS.

A los 18: Era la mayoría de edad. Algo bueno tenía que hacerse. Invité ahora a mis tres mejores amigos [agregué uno más] para reunirnos en una pequeña comida en mi casa. Grande fue mi sorpresa cuando solo uno sabía que era mi cumple mientras que los otros dos pensaban que era solo para vernos las caras. Igual fueron a mi casa, tragaron y chuparon rico, y a las dos horas se quitaron, aludiendo que no habían planeado quedarse tanto tiempo.

A los 20: Esta es la más trágica. Con toda la gente separada, quise reunir a los que tenía más cerca y fui por uno de ellos. A pesar que estaba enfermo hasta las patas, me acompañó a buscar a otros dos para hacer mancha. Uno no podía salir porque estaba en exámenes y el otro estaba inubicable. Finalmente, el que me acompañaba tiró la toalla, me dijo que se sentía peor y no me aceptó si quiera una hamburguesa, yéndose también a su casa. Fue un desastre. Ah, por cierto, a ninguno de los tres le dije que ese día era mi cumpleaños [y ninguno se acordó tampoco]

El lunes me llamó uno de ellos. Me dijo que la última vez que nos reencontramos, algunos quedaron en volver a salir y que estarían esperando les avisen para cuándo. ‘Para tu cumple está bien ¿Qué dices? Lo hacemos igual que la otra vez. Manda un mail a toda la gente avisándoles y después yo los llamo para confirmar’ me dijo por teléfono. No lo sé. La cosa es que ya estamos a una semana, y aún no he mandado nada.

martes, 15 de julio de 2008

DIME CON QUÉ JUGABAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Ayer recordaba cuando en vacaciones, estando en casa de mi abuela, arreglaba junto a mi papá una tubería en mal estado en el patio de la casa. Debo confesarles que para trabajos manuales y de esfuerzo físico soy un poquito descuidado. O sea soy no me gusta y punto. Ya les expliqué que no me gusta mucho ensuciarme las manos, así que mover piedras, tirar lampa y levantar ladrillos no iba conmigo.

En uno de mis varios descansos, mientras me lavaba las manos y mi papá seguía con la tubería, mi tía se acercó para hablar. Me empezó a contar que desde pequeño siempre había sido así, interesado en los trabajos de la casa. ‘Dicen que con lo que juegas de pequeño, trabajas de grande. Tu papá siempre jugaba con cables y tornillos. Por eso terminó estudiando Electrónica y Mecánica. Yo, por ejemplo, hacía mezclas en la cocina buscando por qué funcionan las cosas y terminé estudiando Química. Y tú ¿con qué jugabas de chiquito?’

¿Yo? ¿Con qué jugaba de chiquito? No sabía qué responder. No se me venía nada a la mente. Además ¿cómo va a ser cierto eso de que con lo que juegas de chiquito terminas trabajando de grande? ¿Y si no jugabas nada, no serías nada? ¿Si jugabas con muñecas terminabas de ama de casa o con soldados de militar? ‘Pues no sé, con carritos y robots, como todos los niños’ dije después de pensarla un rato. ‘¿Pero qué hacías con ellos?’ replicó mi tía. ‘Yo.. yo.. yo les creaba historias’ respondí.

Y era cierto. Recuerdo jugar con mis muñecos de Los Caballeros del Zodiaco en el techo de mi casa, donde el piso de cemento, las paredes de ladrillo y los restos de materiales de construcción se convertían en el escenario perfecto para nuevas batallas más allá de los capítulos de la serie. O formar mis soldaditos en las vastas llanuras del suelo, donde una colina de arena gruesa se erigía amenazante repleta de enemigos que acababan de atravesar las peligrosas arenas movedizas de la arena fina.

Y a partir de allí, crear la historia de una cruenta batalla con diálogos entre generales y soldados. De ataques y retiradas. De héroes y mal heridos. Agacharme y mirar con un solo ojo, para buscar la pose o la toma más cinematográfica de la pelea entre Aioria de Leo y Shiryu de Dragón. Poner en marcha el capítulo planeado en el colegio, de Tor, mi propio superhéroe, hecho con piezas de Playgo, en el que, con sus dos rueditas características, recorría la ciudad para salvar a los muñequitos en peligro.

Eso es lo que me gusta hacer. Crear historias. Nuevas a partir de la nada sobre algo y desarrollarla larga y sin fin, o corta con un final inesperado, o ninguna de las dos, sino todo lo contrario. Historias de aquellos tiempos, que aún aparecen de vez en cuando, en momentos de aburrición o descanso, para seguir creciendo, cambiando y girando como la primera vez que ocurrieron. Dando vueltas y vueltas todas las noches en mi mente, buscando nuevos personajes, nuevas aventuras, nuevos desarrollos.

Y ustedes ¿con qué jugaban de chiquitos?

sábado, 21 de junio de 2008

DE WEEKEND

Ayer me reencontré con mis amigos del cole y solo puedo decir:

♦ Los taxis son para cuatro o cinco. Máximo seis. Siete ya es tacañería o estupidez.

♦ Al caminar en medio de las discotecas con sus fachadas, música y luces, me sentí en una mezcla de Las Vegas y Broadway... de Cono Norte.

♦ La cerveza es fea. Si está rebajadaza con agua, peor.

♦ ¿Por qué a las mujeres se les tiene que servir en el vaso? ¿Qué no pueden servirse ellas solas acaso? Eso de la igualdad es puro cuento.

♦ No sé bailar. Lo hago mal. Por más que me digan que lo estoy haciendo bien, siento que me meto unas descoordinaciones terribles.

♦ En cambio he descubierto una nueva afición medio voyeur: mirar a la gente en la pista de baile.

♦ No puede ser que Daddy Yankee cante: 'Tú me dejasteS caer, pero ella me levantó' ¿Sabe alguien si cuenta con secundaria completa?

♦ ¿Qué es peor que cuando estabas en el cole te hicieran 'Uhhh...' cuando hablabas con una amiga en especial? Que cinco años después sigan haciéndolo.

♦ Creo que me fumé como tres cigarros. Claro, después de sentarme al lado de un fumador y convertirme en fumador pasivo toda la noche.

♦ Hay que poner los celulares en vibrador en las discos. No hay que ser ilusos y pensar que escucharás el timbre en medio del escándalo.

♦ Sobre todo si en ese momento [cuatro días después] te llegan tus letras. Todas repetidas, por cierto.

♦ Me di cuenta que cambiando vasos llenos por otros más vacíos soy un trome.

♦ Dicen que cuando sientes que estás a punto de picarte debes bailar para que se te pase. Mentira. Todo es cuestión de control mental.

♦ ¿Qué es peor que pensar que por fin ya te vas porque están en la última ronda? Que el único pata del grupo que trabaja reviente su tarjeta llevando a la gente a otra disco poniendo dos rondas más.

♦ En la segunda disco me sentí estafado. Nos dijeron que había orquesta en vivo. Entramos, nos sentamos, la orquesta terminó la canción, se despidió y se quitó O_o

♦ Fueron los dos baños más limpios a los que haya entrado en lo que a discotecas se refiere.

♦ Tengo que hacer algo con mi cabello. En el espejo del baño me di cuenta que parecía que recién me había despertado.

♦ Esta es buena. ¿Saben qué música nos pusieron para botarnos? Soda Stereo, jajajaja.

♦ En casa me dijeron que regrese temprano. Llegué a las seis. ¿Es temprano, no?

♦ Tengo que llamar a mi pata para ver si lo embarqué bien a su casa o si el taxi lo dejó botado pepeado por el aeropuerto.

lunes, 7 de abril de 2008

MM CHISMOSO

Tiempo de mm. A falta de temas para postear, bienvenidos sean. El primero viene patrocinado por [proyexióN personaL] y el segundo gracias a un un gentil auspicio de aloony*land


¿Quién eres?
Frankie - lector - tímido - mudo - soñador - reilón

¿Qué haces?
¿estudio? - como - duermo - juego - leo - escribo

¿Qué es de tu vida?
publicidad - inglés - películas - internet - libros - geekeadas



5 cosas que no sabían de mí

Dos veces me preguntaron si era gay.. tanto se nota? jajaja. No, en serio, no sé porque me lo preguntaron, pero no, no soy gay. Soy bien hombrecito y bendita sea mi mama por haberme parido macho. Como diría Stifler: 'estoy seguro de mi sexualidad' Aunque no por eso voy a besar o agarrarle el trasero a otro hombre como él lo hizo :s

Quisiera ser futbolista. Pero de los buenos pues, no esa sarta de vagos que no hacen nada. Cuando Alianza cumplió el Centenario, yo soñaba con dar la vuelta con ellos. Ahora sueño con sacarlos del hueco en el que están. Claro, después de eso, jugar en Europa, ganar la Champions y tener un huevo de plata.

Nunca me he mandado a una chica. Para que vean que tan loser puedo llegar a ser. Las pocas veces que estuve con alguien fueron por mutuo acuerdo, por colaboración de un amigo/a o porque ella se me mandó. Pueden creer que una chica se mande? Yo sí xD

No me gustan los bebés o los niños chiquitos. Con el riesgo de ganarme antipatías del público, en especial del femenino, hay veces que ni siquiera soporto ver un bebé, cargarlo o estar con él. O cuando zappeo y encuentro esos programas en Discovery H&H de mamás embarazadas dando a luz que para mí, son espantosos.

Fui choro. Cuando estudiaba en la USMP, hace un huevo de años, me choreaba los 'Comercios' que ponían en la sala de profesores. Pero no todos los días, sólo los sábados que venía Somos y catálogos de tiendas. Para el platal que me cobraban, el jalarme unos periódicos de vez en cuando me parecía una retribución justa.

martes, 1 de abril de 2008

SOLO PARA MIS OJOS


Ayer me ponía los lentes en la mañana y noté que uno de los brazos está más duro que el otro. Mientras trataba de arreglarlo, pensaba en todos los lentes que había tenido a lo largo de mi ciega vida. Cabe señalar que yo no usaba lentes de pequeño. Pero mi hermano y mis papás, sí. Fue un 29 de julio de hace mucho tiempo [lo recuerdo por que veíamos en la TV el desfile por fiestas patrias] que vi a los tres usando lentes y deseé llegar a usar lentes algún día. Ja, gran error.

Mis deseos se hicieron órdenes y terminando la primaria y empezando la secundaria me tocó usar lentes por una terrible miopía que crecía a la par mío [y sigue creciendo creo] Según el doctor, la miopía seguiría desarrollándose junto conmigo hasta que uno de los dos termine primero. Un gana-gana. No sé quién ganó la carrera porque igual perdí yo. En total contabilizo siete juegos de lentes, incluyendo los que llevo ahora. Por orden cronológico se llaman así:

Los de señora: O los grandes feos. Fueron los primeros que tuve en mi vida y gracias a ellos mis primeros años de secundaria fueron un desastre. La montura era marrón, con cristales foto gray [esos que no son ni oscuros ni claros] y ni redondos ni cuadrados, sino una mezcla de los dos. Realmente, esos lentes, destrozaron mi identidad y mi autoestima en la secundaria. Lo curioso era ver a mis amigos pelearse por que se los prestara y lucirse con ellos paseando por el cole o la calle. Gracias a Dios sólo duraron un año. Por el aumento de la medida y mi reticencia a seguir usándolos, fueron desechados.

Los de Cobra: [por este Cobra] Seguían siendo igual de feos que los anteriores, pero al menos eran más pequeños. Ahora tenían una cubierta de plástico en la parte que rodea los cristales, la cual se fue despegando con el devenir del tiempo. El nombre de Cobra apareció luego que accidentalmente mi hermano se sentara sobre ellos y le rompiera un brazo [‘El brazo duro de la ley’] Como su reemplazo tardaría en llegar, seguí usándolos así hasta en el cole. En un recreo se me cayeron del rostro y me enteré que los cristales sí eran de cristal y no de mica. Andar por el colegio con unos lentes sin un brazo y un cristal roto de un lado, le valieron ese apodo.

Los decentes: Estos fueron los últimos que eligió mi mamá. Ella se negaba a que yo fuera con ella a elegir mi propia montura, supongo por temor a que elija la más cara de todas. Sin embargo éstos me gustaron mucho más. Si bien seguían siendo de color marrón [no me gusta el marrón, no lo usaría en ropa, sólo en zapatos] tenían el detalle de ser aquellos que no tienen marco en la parte baja de los cristales, es decir eran de luna volada. Al menos estos lentes si eran decentes para presentarse ante el público y me duraron lo suficiente para que no se rompa el hilo de pescar con el que iban amarrados. Eso sí, el hilo se ensuciaba demasiado.

Los primeros negros: Esta elección fue una casualidad. Ahora, por primera vez, iba yo a una óptica a elegir la montura que quería. Mientras mi mamá me hacía ver los clásicos que ella compraba [como los arriba mencionados] se acercó la dependienta [¿así se dice?] y me ofreció otros que ‘estaban de moda’ Eran los clásicos de luna ovalada. Mi mamá ya estaba eligiendo los marrones cuando la dependienta sacó los negros ovalados. Aún recuerdo la razón que nos dio para elegirlos después que los compramos: ‘Como tiene la cara blanca, estos negros le combinan muy bien’ Dentro de mí pensé: ‘Lo que faltaba: racismo ¿Si tuviera cara negra o marrón tendría que usar unos blancos?’

Los pesados: Como la medida seguía aumentando, el grosor de las micas también, por lo que eran necesarias monturas que puedan sostenerlas. Por ese motivo aparecieron los pesados. Fue el diseño que más me gustó hasta ahora. Aunque creo que estaban hechos de hierro. Eran extremadamente pesados. Tan pesados que las patitas me dejaban huecos en la nariz por el peso. No quise quedar marcado de por vida con dos manchas sobre la nariz, por lo que lamentablemente tuve que dejar mis preferidos y cambiarlos. No los había usado ni tres meses. Fueron los que menos me duraron [y no por deterioro]

Los delgadiiitos: Después de lo que me costó convencer a mi mamá que me compre una montura nueva tan pronto, vino la venganza. Lo único que le dije fue que la montura sea más delgada que la anterior, pero que pueda contener las micas. Apelando a su espíritu ahorrativo me consiguió –no sé de dónde- una montura extremadamente delgada [eran prácticamente unos fierritos soldados entre sí] Lo asombroso era ver que las micas parecían mágicamente unidas a la montura sin un resquicio dónde moverse. En todo el tiempo que me duraron nunca se salieron las micas [y eso que lo intenté] Pasaron a mejor vida cuando empezaron a despintarse y volverse de un color verduzco por todos lados.

Los actuales: Son los que más me han durado hasta ahora. Su naturaleza de plástico debe haber contribuido a ello. Regresamos a la óptica de la dependienta [que ya no estaba, ahora era otra dependienta] y nos mostraron los que ‘ahora estaban de moda’ Nunca se los había visto puesto a nadie en la calle pero me parecieron agradables. Son los ahora famosos negros de carey que todo el mundo usa. Lo malo era que en ese tiempo casi nadie lo usaba, por lo que parecía un weirdo total con ellos puestos. Sobreponiéndome a las miradas, los llevé estoicamente hasta que se volvieron populares y comerciales. Puedo decir que soy un precursor de la moda.

De todos estos, solo conservo los de Cobra [son un clásico], los pesados [están como nuevos] y los delgadiiitos [ya no le quedan casi nada de negro] No sé hasta cuándo durarán los que llevo puestos en este momento. Estoy seguro que no los cambiaré por deterioro, a menos que los rompa, claro. A veces pienso que sería más cómodo operarme y dejar de usarlos, pero, creo que ya no podría vivir sin lentes. Una prueba de ello pasó esta mañana, cuando traté de acomodármelos más arriba.. y me di cuenta que no los llevaba puestos.