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martes, 18 de agosto de 2009

FAK, SOY WIKIPEDIA




Y el artículo destacado del día es...



pd1. twitter no es bruno pinasco de chiquito?
pd2. deviantart me recuerda a aloony*
pd3. y google a percy weasley.

miércoles, 25 de marzo de 2009

EL NABO

Ayer fue el tercer día consecutivo en que no podía quitarme de la cabeza los tres cuentos que vinieron inesperadamente a mi mente. Estos tres cuentos que vagamente aparecen y desaparecen de mi memoria, formaban parte de un libro en el que venían varios de ellos. Aunque de lo que no estoy muy seguro, es si todos pertenecían a los mismos autores: los hermanos Grimm.

De niño no era mucho de leer cuentos. Para empezar, nadie me los leía pues no tenía nadie en casa que lo hiciera. Y para cuando precozmente aprendí a leer, no tenía cuentos para hacerlo, pues los pocos que habían ya estaban desparecidos, deshechos o imposibles de leer. Es por ello que me conformaba con leer los libros de colegio de mi hermano, un año más adelante que yo.

He ahí la razón por la cual no sé cómo terminan la mayoría de cuentos para niños. Es verdad. No sé si el Soldadito de plomo termina sin su pierna o aparece un Hada mágica y se la regresa. No sé si Ricitos de Oro logra escapar con vida de la casa de los tres osos después de comerse su avena. No sé si Hansel y Gretel logran escapar por completo de la vieja bruja antropófaga malvada.

Sé, por cultura general, que Blancanieves despertó después de haber comido la manzana embrujada; que la Cenicienta terminó casándose con el príncipe después de que le quedara el zapato; y que Caperucita logró salvarse del lobo porque llegó el leñador. Aunque aquí tengo una duda: ¿apareció de nuevo la abuelita? Una versión que leí decía que el leñador, cual cirujano, abrió al lobo para sacar a la abuelita de adentro de él.

También sé que el Patito feo terminó convirtiéndose en cisne y que el lobo no pudo contra la casa de concreto de los Tres chanchitos. Pero de los que no tengo la más mínima idea son de El gato con botas, Pulgarcito, y más o menos Pinocho. Este es un caso especial porque a Pinocho lo tengo enredado en la cabeza entre tantas aventuras que por ahí he escuchado sin ponerles orden aún.

Esos son los pocos cuentos que conozco al menos de oídas. Caperucita fue el único que en realidad leí por completo. Estoy seguro que existen más y ustedes conocerán muchos más aún, y es por eso que quiero que me ayuden a encontrar unos que como conté, acaban de regresar a mi mente.

No recuerdo exactamente que edad tenía ni qué año era, pero habrá sido entre los cinco y siete años. No sé cómo llegó tampoco a mis manos pero el libro ya estaba allí. Preguntándole a mi mamá, que tampoco recuerda, supone que ella lo trajo pues a ella también le gustan los cuentos. Y este libro traía varios de ellos. La poca descripción que tengo de él es culpa de mi memoria selectiva.

Recuerdo que era azul y traía un dibujo que abarcaba casi todo el frente. Este dibujo incluía el nombre del libro, que exactamente tampoco recuerdo, y un paisaje de un bosque con un río o un lago. El tipo de dibujo era realista y de estilo europeo, de acuerdo a los cuentos que venían dentro. La tapa era dura y las hojas blancas, gruesas y brillantes.

El libro traía más de diez cuentos. Cada uno de ellos venía con dos o tres dibujos que abarcaban una parte de la hoja y que compartía con el texto. Los dibujos, al igual que el de la portada, eran realistas y predominaban los rojos y marrones. Sobre los cuentos, sólo recuerdo tres.

Curiosamente, del único que recuerdo su nombre es uno que nunca llegué a leer. Se llamaba El Nabo y era el último cuento del libro. De los otros dos solo tengo vagos recuerdos de ciertas partes. En uno una mujer amarraba un hilo a un escarabajo para poder escapar del castillo donde estaba encerrada; y en otro había unos diamantes que estaban escondidos o que se convertían el algo distinto.

Son pocos recuerdos pero después de tres días es todo lo que vuelve a mi mente. Este fue el primer libro de cuentos que leí en serio. Y sonará a chiste que siéndolo así no recuerde más de tres. Con los años el libro pasó al olvido y de tiempo en tiempo lo veía en algún librero de la casa. Aún lo recuerdo deshojado y maltrecho por el descuido, hasta que un día desapareció por completo, quizás en el tacho de la basura.

Dirán que sería más fácil googlear los cuentos o buscarlos en Amazon, pero así se perdería la magia. No hay nada como volver a sostener el libro perdido de la infancia y traer de vuelta aquellos momentos en los que tu imaginación empezaba a volar tempranamente. Ojalá pueda volver a tener ese libro de nuevo, aunque sea prestado o en nueva edición. Y por fin saber realmente de qué trataba El Nabo.