DESPEDIDA ESPIRITUAL
Fuimos hasta la playa [el albergue infantil quedaba al lado del mar] y aún quedaban los restos de la reunión con fogata que habíamos hecho todos unas horas antes. Nos sentamos en dos bancas paralelas a mirar lo poco que se veía de playa y mar apenas iluminados por la luz del albergue. Todo ya empezaba a parecerme bien sui generis, cuando ella empezó a hablarme como si nada.
El tema principal siempre era el de su madre. Cuando Carmen perdió a su padre, la relación entre ella y su mamá empeoró hasta tal punto que casi no se hablaban o no se veían y casi no se preocupaba la una por la otra. Ante tales problemas no sabía qué consejo darle o qué responderle. En realidad, creo que lo único que necesitaba era ser escuchada por alguien… por un amigo.
Después de una casi una hora de hablar, Carmen se acercó, me besó y se quedó recostada sobre mi hombro. Por supuesto que yo no supe qué rayos hacer después de eso, así que no hice nada. Creo que ese fue el momento digamos, más romántico que alguna vez haya pasado. Claro, que esa era mi impresión. Para ella seguro era otra cosa. Pero no importaba. Yo la estaba pasando bien.
Esa tarde ya nos íbamos. Todos andaban contentos y de buen semblante pues ya querían regresar a sus casas. Fue en ese momento que el encargado general dijo que tenía una sorpresa para cada uno de nosotros. Unas cartas fueron llegando a cada grupo y cada una de ellas dirigida a cada uno de nosotros. Eran de nuestros familiares que no escribían para saber cómo la estábamos pasando
Y aquí fue que todo el mundo empezó a llorar. Todos sin excepción. Hasta yo. Y lo peor es que no sabía por qué, pues en unas horas me encontraría con ellos así que no era porque los extrañase. Tan concentrado en ello andaba que no me di cuenta que alguien no había recibido su carta. Carmen miraba entre aburrida y triste el suelo sin carta en la mano y sin lágrimas en los ojos.
Cuando me disponía a preguntarle que qué le pasaba, uno de los encargados se le acercó y no muy delicadamente [es decir, casi se lo dice a todo el grupo] le dijo que no habían recibido ninguna carta de su mamá. ‘Ya me lo imaginaba’ le respondió ella y le pidió si podía salir y esperar afuera mientras el resto seguía en lo suyo. Después de pensarla un rato, decidí ir a ver como estaba.
Salí con la excusa de ir al baño a pesar que no estaba permitido. Evité a un par de encargados que se reían como idiotas entre ellos [no sé por qué pero nunca me cayeron bien esos tipos] Encontré a Carmen de pie en la playa mirando el mar de nuevo. Al principio pensé que no pudo haberle afectado tanto lo de la carta, pero creo que eso fue llegar al límite de todo lo que le pasaba.
- Sabes, ya no podemos seguir siendo amigos.
- ¿Por qué no?
- No sé. Ya nos vamos a ir y sería inútil continuar.
- Pues podemos seguir viéndonos.
- Sorry. Cuando regresemos no va a ser igual que aquí.
- Pero…
- No. Además, ni siquiera te conozco. Eres solo un niño.
- …
- Vamos. Tenemos que regresar.
Creo que me rompió el corazón. Un poquito al menos. Si bien solo la quería como amiga o como platónico embobado, igual me dolió que todo termine así. En el bus de vuelta no hablé con ella. En la Iglesia no la vi. Al final de la misa tampoco. Creo que ni siquiera se quedó para la despedida. Así como la había encontrado, así también se fue. No la volví a ver más.


