miércoles, 7 de octubre de 2009

EL ATAQUE DE LOS BOTS



Ayer me instalé cómodamente en la silla frente a mi computadora [en realidad no cómodamente pues a esta silla ya se le desapareció la esponja de lo vieja que está] para mi dosis diaria de internet. Eran aproximadamente las 5 de la tarde y al iniciar el Messenger apareció un mensaje que indicaba 17 nuevos correos en mi bandeja. Había empezado el ataque de los bots.

La primera señal de alerta empezó hace algunas semanas. Había días en los que aparecían en mi bandeja entre cinco y siete spam bots como ‘comentarios’ en este blog. Quizás los hayan visto o recibido, pero eran un texto en chino todo linkeando a sabe Dios dónde, pues nunca me atreví a darle click ni siquiera estando en una cabina. Ante esos casos, solo me quedaba borrarlos uno por uno.

Pero la cosa empezó a ser cada vez más seguida. En los últimos tres posts empecé a recibir ‘comentarios’ de estos spam bots no solo en esas entradas sino en las anteriores también. En el penúltimo post, por ejemplo, el bot llegó a spamear incluso entradas de principio de año. Confiando en que esto solo era algo temporal, seguía borrándolos hasta el día de ayer, que se desató el ataque masivo.

Después de sorprenderme de tener tantos mensajes sin estar siguiendo una cadena de conversación, fotos o comentarios por correo y sin tener post nuevo para ser comentado, me encontré en la bandeja de entrada con el bot llenándomela de ‘comentarios’. Candelejonamente supuse que el ataque había terminado pero al ver la data comprendí que este recién empezaba.

La hora y fecha eran actuales. El ataque se estaba cometiendo en ese instante y por casualidad o destino, estaba siendo testigo de él. Fue así que los avisos del Messenger empezaron a aparecer indiscriminadamente en la parte inferior derecha de mi escritorio indicándome nuevos mensajes del bot. No sabía qué hacer en ese instante. ¿Cerrar el blog? ¿Apagar la compu? ¿Llamar a la policía?

Fue en un momento de lucidez que me acordé de un antiguo enemigo. Uno por el que había declarado animadversión pública y le había declarado la guerra. Estando ante una situación tan crítica era tiempo de tomar medidas drásticas. Tuve que recurrir a los captchas. Aún dudando si era lo correcto hacer este pacto con el Diablo, busqué en Blogger como activar esta opción en los comentarios.

Para cuando por fin pude localizar y activar los captchas, el ataque ya había terminado. Actualizando mi bandeja descubrí la magnitud de este. 27 comentarios spam bot habían inundado el blog en 27 post distintos, incluidos algunos del año pasado [!] Mientras los borraba esperaba que sea la última vez que lo hiciera y que ojalá haya tomado la decisión correcta al aliarme con mi enemigo.

Es por esta razón que lamento anunciar que a partir de hoy los comentarios tendrán que responder un captcha para ser enviados. Es una medida molesta pero necesaria para no perjudicar el orden del blog. Espero que sea solo temporal. ¿Cuál es la única buena noticia de todo esto? Que a mí no me salen captchas cuando tengo que responder comentarios. No me odien por favor.

martes, 29 de septiembre de 2009

EL DESTETE 2



Ayer tuve una regresión. Bueno, siempre la tengo cada vez que me preparo leche en el desayuno. Este pensamiento me viene persiguiendo por varios años y estoy seguro que lo seguirá haciendo por muchos más hasta que no lo resuelva. Es uno de mis recuerdos de infancia que todavía no se quiere ir y que tampoco quiero que se vaya. Quiero sacarme de la duda antes de.

Cuando era niño era un enfermito del biberón. Sí, lo confieso. Cual niño con su juguete más querido o con su mejor acompañante en largos momentos en que era dejado solo en casa, así no dejaba para nada mi envase plástico con chupón amarillo encima. Para mí no había mejor placer infantil que tomar mi leche todos los días a escondidas del mundo solos mi biberón y yo.

Pero cierto día, porque siempre llega un día en que parte de tu vida se va al carajo, o mejor dicho cierta mañana, no sé siquiera porque estaría despierto tan temprano en casa, le pedí a mi mamá que me prepara el biberón antes que se vaya a trabajar. Es cierto, con casi dos años ya era una vergüenza que todavía siga tomando biberón y lo mismo debió pensar mi papá que también ahí estaba.

Fue en ese instante que el señor de la casa, cuya voz alzada hasta ahora me hace cagarme de miedo, reclamó que no era posible que siga tomando leche así, que ya era hora de usar una taza como el común de los mortales y que el biberón debía desaparecer. Y ¡cataplum! Esa mañana la leche fue en taza y en la tarde también y al día siguiente también y así y así hasta el día de hoy.

No volví a ver m biberón nunca más. Seguro habrá terminado en el tacho de basura junto con mi infancia, pero aún así me hubiera gustado poder despedirme de él; y de mi infancia también. No fue hasta más grande que pude recordar la relación que tenía con mi biberón de niño. Y al mismo tiempo fue que apareció la obsesión por recuperar ese resplandor de infancia de vuelta.

He tenido locas e impulsivas ideas de arrebatarle el biberón a un niño y volver a mi chiquititud en un sorbo, pero la vergüenza y la cantidad de gérmenes que deben de estar depositados en esos chupones me han impedido hacerlo. La misma idea de gastar 15 soles en una farmacia y comprar uno y recordar o curar el trauma que adquirí siendo aún un infante lácteo, aún es opción.

He tratado al menos de lograr preparar la misma combinación de leche que tomaba en ese entonces pero todos mis esfuerzos han sido en vano. Como si mis papilas gustativas hubieran cambiado al mismo tiempo que mi cuerpo, no logro encontrar el mismo sabor de ese entonces, que quizás no fuera sino parte del plástico, del chupón o de la idea que tengo en la cabeza de ellos.

Empezando a probar con leche pura, con bastante agua, con azúcar, sin azúcar, con café, con té, con chocolate, con cocoa, con Milo, con Nesquik, con Kiwigen, en tarro, en bolsa, en caja, hecha en casa, de vaso de leche, hecha en restaurante, caliente, fría. Cientos de preparaciones en mi taza día tras día y hasta ahora nunca encontrar la receta perfecta frustrando aún más mi búsqueda.

¿Saben? Ahora que lo escribo, creo que nunca encontraré esa leche. En ese tiempo la Enci era la reina y señora de la lechería popular. Leche en polvo. Anchor será mi próxima elección. Si ni aún así lo logro, todavía me queda comprarme un nuevo biberón.


pd. se preguntarán cuándo fue el destete 1. cuando dejé de lactar. y de eso no me quiero acordar.

jueves, 24 de septiembre de 2009

CUESTIÓN DE AGARRE




No sé ustedes, pero yo prefiero usar el papel higiénico del lado gofrado.

Como que encuentro más grip de ese lado.

martes, 8 de septiembre de 2009

TEATRO DESDE MI ANTRO


Prólogo

La siguiente obra en tres actos con epílogo, tiene por fin narrar los hechos acontecidos durante los primeros días del mes de setiembre del corriente en la casa de quien escribe. Debido a su carácter de hecho de la vida real, puede contener material de naturaleza inquietante, no apropiado para algunos visitantes. Se recomienda la discreción del lector.


Primer Acto

Una Ratta Norvegicus, un roedor miomorfo, un pariente de Mickey y de Jerry, un pericotito gracioso y bonito, en pocas palabras UNA RATAZA, empezó a invadir el patio interno de mi casa [que sirve de depósito, jardín, cuarto de herramientas y ventilación de mi cuarto pues mi ventana da hacia allí] desde hace unos días, correteando por las noches junto con otras amigas ratas o peleando con sus archienemigos felinos, dejando sus huellas y rastros por paredes, triplays y calaminas.


Segundo Acto

En vista que el curioso visitante no decide irse después de tres días con sus respectivas noches [quizás disfrutando del paseo entre mi patio, la casa de atrás y la construcción del costado] mi madre, ama y señora de los quehaceres del hogar, decide que es hora de ponerle fin a los días de disfrute del roedor. Así que en un acto de 'el bien justifica los medios', decide colocar el característico bocado con veneno que se acostumbra en estas artes del exterminio esperando resultados a la mañana siguiente.


Tercer Acto

Amanece un gato muerto en el techo.

FAIL!!




Epílogo

pd1. ningún gatito fue dañado durante la realización de este post.
pd2. el que en verdad fue dañado murió hace dos días.
pd3. no se preocupen que tuvo un entierro digno.
pd4. sociedad protectora de gatitos, no se me vengan encima.
pd5. nota mental: no combinar veneno con... ATÚN.


martes, 25 de agosto de 2009

EL HABITANTE DE BARBADOS



Ayer al despertarme, después de un fin de semana de tirarme al abandono, me dirigí directamente al baño. Al mirarme en el espejo otro rostro me devolvió la mirada. Ese no era yo. Era otra persona que se parecía a mí. Alguien que se veía diferente que yo. Era el habitante de Barbados.

Esta es una queja contra la existencia de la máquina de afeitar. No es que me queje del todo de su existencia. Qué sería del mundo sin ella. Qué sería de los hombres sin ella. Imagínense todos aún usando navajas para afeitarse o dejándose la barba los que no tienen para comprarse una. La queja es por los efectos que produce en los rostros de los púberes/jóvenes/adultos varones.

Detesto afeitarme. O tratar de afeitarme. Me parece una pérdida de tiempo total. Cinco matutinos minutos –o quizás más- que bien podrían aprovecharse en la cama disfrutando del último ronque, tratando de engancharte con ese sueño que tuviste 10 minutos antes o deseando que sea tu día de la marmota y vuelva a ser domingo esperando escuchar a tu mama cantando el desayuno.

Y digo ‘tratar de afeitarme’ porque aún me afeito mariconamente las partes que supongo debo afeitar –del rostro, por supuesto. Tampoco me gusta afeitarme porque no sé cómo hacerlo. Por más comerciales de Gillette que vea aún no aprendo bien la técnica -si es que hay alguna. Consecuencia de ello es que siempre termine con el mentón y la parte superior del labio irritada.

No recuerdo cuándo, por primera vez, mi rostro sufrió la inclemencia de las hojas de una máquina de afeitar sobre él. Seguro habrá sido alguna mañana que payaseando haya cogido la Schick de mi papá y al tratar de ver su efecto sobre mi imberbe mentón me haya hecho un corte por moverla en forma horizontal. Desde allí, aunque no me guste hacerlo, se ha convertido en rutina matutina.

Y eso que sólo lo hago cada tres o cuatro días.
Imagínense cómo será cuando sea diariamente.

Hace unos días paseando por Wong, una regia anfitriona me regaló la popular máquina de afeitar de tres hojas para una afeitada más al ras y cero irritaciones. Después de probarla el domingo, tengo un aviso a la comunidad que hacer: Amigo blogger, señor, joven que me leen; señorita/esposa que le compra las máquinas al novio/esposo; por favor ¡¡NO COMPREN ESA VAINA!!

Afeitarse con esa cosa es una verdadera tortura china. ¡Por Dios! Sentía que me arrancaba uno por uno los tres pelos que tiene mi barba. De verdad fue una cosa terrible. Casi como arrancarse los pelos de la nariz ¿alguien sabe para qué sirve ese jebe naranja encima de las hojas? ¿eso se saca o se deja ahí? ¿hice mal en sacarlo? ¿por qué se mueve tanto? ¿dónde vienen las instrucciones?

Ya sé, muchos dirán que tenía que ablandar la barba, que tenía que ser con agua caliente, que tenía que ser con crema de afeitar, que para qué le sacaste la banda de goma, que eres una vergüenza para la comunidad masculina de Lima, etc. Pero nica voy a hacer todo un ritual para tener que afeitarme pues. No way. Tengo mejores cosas que hacer en las que perder el tiempo.

Pero tampoco creo que todos sufran el mismo problema. De repente hay algunos que son duchos en la materia y les encanta afeitarse y comprarse productos para antes, durante y después del afeitado; y son felices tomándose su tiempo haciéndolo, disfrutando de su viril momento máquina en mano y rostro enjabonado. Pero no pues. A mí no me gusta tener que afeitarme. Punto. Y no me digan gay por eso.

martes, 18 de agosto de 2009

FAK, SOY WIKIPEDIA




Y el artículo destacado del día es...



pd1. twitter no es bruno pinasco de chiquito?
pd2. deviantart me recuerda a aloony*
pd3. y google a percy weasley.