jueves, 14 de febrero de 2008

SAN CALENTÍN

[en homenaje a tan materialista fecha]

Frankie era un chico que disfrutaba pasar sus fines de semana -en especial sábados- en su casa tirado en su cama a partir de las 10 de la noche. Hace tiempo, cierto sábado, recibió la llamada de un antiguo compañero de colegio –Coco- que lo invitaba al cumpleaños de uno de sus amigos de la universidad en la que estudiaba. Es más, se le ocurrió que de esa manera podría juntar a todos los amigos del colegio que pudieran para así reencontrarse, ya que hacía tiempo no se veían. Frankie, aún en contra de su voluntad y más por cortesía, aceptó la proposición y se puso a llamar a sus amigos para comunicarles la noticia.

El día sábado llegó. La fiesta era en una discoteca lejana ubicada en un centro comercial. Por suerte para Frankie, se encontraría con los tres amigos que confirmaron su asistencia –un hombre y dos mujeres- en su barrio y de allí todos partirían rumbo a la fiesta en el auto de Coco. Cuando llegaron al centro comercial este se encontraba prácticamente desierto. Frankie y sus amigos esperaron por casi una hora o más a que apareciera el amigo de Coco –llamado Alfonso- para entrar a la disco y que la fiesta comience. Cuando Alfonso llegó con sus propios amigos, todos empezaron a hacer su cola en la entrada. Pero en eso, Frankie se dio cuenta de un problema. Todos los chicos estaban ingresando presentando algún documento de identidad.

Frankie se quedó preocupado. Él acababa de sacar su libreta militar y pensó que sólo podrían entrar mayores de edad. Sin embargo respiró aliviado cuando vio a una amiga suya presentar su libreta militar también. Pero este alivio no le duró mucho. Frankie había olvidado su libreta en casa. Nunca la había necesitado antes y no creía que esa sería tampoco una ocasión. Felizmente no estaba solo. Erick -un amigo suyo- tampoco había traído ningún tipo de documento. Utilizando su poder de convencimiento, Frankie logró que Erick le preguntara al tipo de la puerta –un sujeto calvo, arrogante y enorme- si era posible entrar así nomás. La respuesta le vino antes que termine la pregunta. NO.

Luego de la vergüenza total frente a todo el resto de personas que estaban en la cola esperando su ingreso, a Frankie y Erick no les quedó otra que recurrir a Coco. Este, después de poner su cara de ‘Chess, como se ve que estos nunca salen’ sugirió que se regresen volando a sus casas a traer sus respectivos documentos. En un principio a Frankie le pareció una idea descabellada. ¿Ir y volver en más de hora y media de viaje en taxi para recoger un plástico y después regresar? Si no fuera porque ahora Erick usó su poder de convencimiento con él, Frankie no hubiera aceptado. En una carrera de 45 lucas ida y vuelta, ambos amigos se embarcaron en busca de su identidad.

Frankie recogió su libreta a tientas en la oscuridad de su cuarto y en silencio ninja para no despertar a nadie. Cuando pasaron por la casa de Erick ocurrió la primera y única baja. Erick ya no podría volver a salir puesto que fue descubierto pelándose 50 lucas del pantalón de su papá. Con un taxi pagado y la responsabilidad de corresponderle a Coco, a Frankie no le quedó otra que regresar solo en la travesía. Al llegar al centro comercial –ya eran más de las 12- la disco seguía casi tan vacía como cuando llegó cuatro horas antes. Frankie presentó su libreta y entró lo más rápido que pudo a buscar a sus amigos. No los encontró. Temiendo que ya todos se hayan ido y no se hayan dignado si quiera a comunicárselo, llamó al celular de Coco. ‘Oye ya no estamos allí’ le contestó ‘Estamos en Larco a punto de entrar a otra disco. Vente al toque’ Más rápido que volando, Frankie cogió el primer taxi de la puerta y llegó a Larco en 15 minutos.

Allí los encontró a todos. A sus amigos y no amigos, todos parados esperando en la puerta. ‘Resulta que no dejan entrar a Alfonso –el del cumpleaños- porque lleva zapatillas’ le informaron. ‘Menos mal’ pensó Frankie, él también llevaba zapatillas esa noche. ‘¿Saben qué? Mejor vámonos todos a mi casa. Mis viejos no están así que vámonos a chupar allá’ dijo finalmente Alfonso. Desgraciadamente, Coco, sus dos amigas y otros más fueron en un auto, y a Frankie le tocó ir con Alfonso junto con la otra parte de sus amigos, y encima de todo, en el asiento delantero. Soportando toda clase de bromas que él desconocía y el manejo salvaje de Alfonso, Frankie se alegró de llegar a una casa inmensa media hora después.

E inmensa era poco para la casa. Una vez adentro Frankie pudo darse cuenta que en vez de jardín eso era prácticamente un parque en la parte trasera de la casa. Juraría que no podía ver la parte final y si tuviese una linterna tampoco vería el final de la luz. Aburridísimo como nunca –Coco disfrutaba con sus amigos y sus otras dos amigas planeaban con otros dos chicos- Frankie ideaba su plan de escape de la casa, así sea en solitario. Para evitar las miradas de gente que no conocía, buscó refugiarse en un baño pero se encontró con una habitación que no sabía si era dormitorio, sala, bar, lounge, estudio, etc, etc. Era una combinación de todo, y lo peor de todo era que una chica se encontraba en ella.

‘¿Y tú quien eres?’ preguntó la chica. ‘Perdón me equivoqué de cuarto’ contestó inmediatamente Frankie. ‘No, está bien. Sólo que esperaba a otra persona. Soy Lorena ¿y tú?’ ‘Frankie’ respondió él. ‘Ok Frankie, ya que estás aquí quiero que me ayudes. Ven, acércate’ Frankie no tenía que ser un genio para darse cuenta que Lorena, aparte de estar demasiado buena, estaba recontra pasadaza de sabe Dios qué; bastaba ver sus movimientos, la forma de hablar y la manera en que la encontró tirada en la cama –¿o era un diván? ¿o un mueble?- ‘Sabes, me equivoqué en ponerme este vestido blanco, todo se trasluce no?. Ayúdame a quitarme aunque sea las tiras del bra ya?’ El ‘WTF está pasando acá’ fue lo primero que se le vino a la mente a Frankie, pero el grito de apuro de Lorena lo puso a trabajar sin siquiera saber qué estaba haciendo.

Cuando apenas hubo quitado la tira derecha del bra rojo de Lorena, un portazo azotó el dormitorio-sala-bar-lounge-estudio-etc-etc. Un tipo en el mismo estado que Lorena y que fijo-fijo practicaba algún tipo de pelea callejera, irrumpió con un grito de ‘¿¡Lorena, dónde estás!?’ que hizo saltar a Frankie hasta la cama-diván-mueble. ‘Ya voy amor. Gracias Frankie, la otra tira me la quita Sebas, no te preocupes. Nos vemos después.’ Y estampando un prolongado beso a Frankie, Lorena se fue hacia la puerta tambaleándose y llevándose una silla-taburete-banca de encuentro. Veinte minutos después, en el auto de Coco de regreso a casa y experimentando un sin número de emociones al mismo tiempo, Frankie pensó que la salida no había estado tan mal después de todo.

Esta es una historia real. Le pasó al amigo de un amigo, Frankie. Quien ahora carga en su billetera hasta su boleta militar y una tira de bra rojo que conserva para la buena suerte.

11 comentarios:

Raulín Raulón... dijo...

Sólo puedo respirar hondo y exhalar muy sonoramente, mi estimado.

No te preocupes, 17 es la edad de la falta de definición.

Fiore dijo...

:S
feliz dia de la amistad:D ah? que tal jaja

un bso

tasteless dijo...

omfg!

Yo pense que el tipo que practicaba algun tipo de pelea callejera te iba a propanar la pailza del siglo!

xD

MuSa AnTiSoCiaL dijo...

jajaja xvere la historia y si pex esa tira sera "la tira de la suerte"

RacuRock dijo...

osea le rompio el tirante rojo?... oe veo que se llama como tu el amigo de tu amigo ... jeje

RacuRock dijo...

osea le rompio el tirante rojo?... oe veo que se llama como tu el amigo de tu amigo ... jeje

-->aloony* dijo...

q tal amuleto causa, pero menos mal q el amigo de tu amigo que se llama frankie no se propaso con la ebria esa xD

o no fue asi o.O?

-->aloony*

TRuLy dijo...




Su mare!


Hot Woman dijo...

Que tal odisea, pero al final un buen recuerdo quedó y parece que invalorable, para guardar hasta ahora su amuleto.
Un beso

Imberbe_Muchacho dijo...

y todo esto sin tener DNI ah.... jajajajaja

Julio Cesar dijo...

seguro que se llamaba "Lorena"? esa casa me parece conocida :P

heheh y supongo que ahora estas más animado a salir los sábados