EL DESTETE 2

Ayer tuve una regresión. Bueno, siempre la tengo cada vez que me preparo leche en el desayuno. Este pensamiento me viene persiguiendo por varios años y estoy seguro que lo seguirá haciendo por muchos más hasta que no lo resuelva. Es uno de mis recuerdos de infancia que todavía no se quiere ir y que tampoco quiero que se vaya. Quiero sacarme de la duda antes de.
Cuando era niño era un enfermito del biberón. Sí, lo confieso. Cual niño con su juguete más querido o con su mejor acompañante en largos momentos en que era dejado solo en casa, así no dejaba para nada mi envase plástico con chupón amarillo encima. Para mí no había mejor placer infantil que tomar mi leche todos los días a escondidas del mundo solos mi biberón y yo.
Pero cierto día, porque siempre llega un día en que parte de tu vida se va al carajo, o mejor dicho cierta mañana, no sé siquiera porque estaría despierto tan temprano en casa, le pedí a mi mamá que me prepara el biberón antes que se vaya a trabajar. Es cierto, con casi dos años ya era una vergüenza que todavía siga tomando biberón y lo mismo debió pensar mi papá que también ahí estaba.
Fue en ese instante que el señor de la casa, cuya voz alzada hasta ahora me hace cagarme de miedo, reclamó que no era posible que siga tomando leche así, que ya era hora de usar una taza como el común de los mortales y que el biberón debía desaparecer. Y ¡cataplum! Esa mañana la leche fue en taza y en la tarde también y al día siguiente también y así y así hasta el día de hoy.
No volví a ver m biberón nunca más. Seguro habrá terminado en el tacho de basura junto con mi infancia, pero aún así me hubiera gustado poder despedirme de él; y de mi infancia también. No fue hasta más grande que pude recordar la relación que tenía con mi biberón de niño. Y al mismo tiempo fue que apareció la obsesión por recuperar ese resplandor de infancia de vuelta.
He tenido locas e impulsivas ideas de arrebatarle el biberón a un niño y volver a mi chiquititud en un sorbo, pero la vergüenza y la cantidad de gérmenes que deben de estar depositados en esos chupones me han impedido hacerlo. La misma idea de gastar 15 soles en una farmacia y comprar uno y recordar o curar el trauma que adquirí siendo aún un infante lácteo, aún es opción.
He tratado al menos de lograr preparar la misma combinación de leche que tomaba en ese entonces pero todos mis esfuerzos han sido en vano. Como si mis papilas gustativas hubieran cambiado al mismo tiempo que mi cuerpo, no logro encontrar el mismo sabor de ese entonces, que quizás no fuera sino parte del plástico, del chupón o de la idea que tengo en la cabeza de ellos.
Empezando a probar con leche pura, con bastante agua, con azúcar, sin azúcar, con café, con té, con chocolate, con cocoa, con Milo, con Nesquik, con Kiwigen, en tarro, en bolsa, en caja, hecha en casa, de vaso de leche, hecha en restaurante, caliente, fría. Cientos de preparaciones en mi taza día tras día y hasta ahora nunca encontrar la receta perfecta frustrando aún más mi búsqueda.
¿Saben? Ahora que lo escribo, creo que nunca encontraré esa leche. En ese tiempo la Enci era la reina y señora de la lechería popular. Leche en polvo. Anchor será mi próxima elección. Si ni aún así lo logro, todavía me queda comprarme un nuevo biberón.
pd. se preguntarán cuándo fue el destete 1. cuando dejé de lactar. y de eso no me quiero acordar.